El “dedito” de ya sabes quién

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“Mitosfky no quiere que yo sea candidato”, me dijo con disgusto José de la Torre Valenzuela cuando, en la segunda mitad del sexenio de Geño Hernández Flores, buscaba la candidatura a presidir Xicoténcatl.

Por instrucciones del 15 Hidalgo y Juárez, a los aspirantes de ese y otros municipios los habían “encerrado” en un hotel de Barra del Tordo, para que no “metieran” las manos mientras la famosa encuestadora hacía su trabajo.

Decía el hoy fallecido De la Torre, que Mitofsky “decidió” por José Andrés Picasso Sánchez (y ganó).

En la época dorada del tricolor fue un método para disfrazar los “dedazos” que venían desde el centro del poder, nacional o estatal.

Nunca hacia el interior de los partidos ha existido democracia plena, y menos cuando llegan al poder como es el caso de Morena, ahora en Palacio Nacional, y el PAN en Tamaulipas.

Otro ejemplo. En la segunda comalada de alcaldes de Manuel Cavazos Lerma, en apariencia el PRI abrió varios municipios a consulta a las bases, dar oportunidad a aquellos que quisieran y se sintieran con tamaños para ocupar las presidencias.

En ese tiempo un abogado Valderrama era secretario del ayuntamiento en Xicoténcatl. Hizo buena “talacha” y sentía estar en condiciones de ganar la interna. Aquella mañana, junto con algunos simpatizantes, se dirigió a Victoria para registrarse en el CDE del doble ceros boulevard Balboa.

No llegó a su destino. En el crucero de Llera lo esperaba la entonces Judicial. Lo llevaron a la Comandancia local, le dijeron que no estaba detenido pero no podía irse. Le dieron de comer y beber y por la tarde lo “soltaron”.

Se regresó al pueblo cabizbajo y meditando sobre la democracia priísta. Desde entonces el abogado no ha vuelto a aspirar en política, a nada.

Cuando la “dictadura perfecta”, el candidato en Tamaulipas se decidía en Los Pinos vía secretaría de Gobernación, para comenzar la “cargada de los búfalos” desde Palacio de Gobierno en Victoria.

Excepción del sagrado dedazo presidencial ocurrió en 1998, cuando Tomás Yarrington Ruvalcaba fue el “dedeado” pero no por el Presidente sino el Gobernador en turno, el propio maharishi bailarín. El disfraz fue una consulta pública con instalación de urnas.

Pues bien, a estas alturas de la competencia interna en Morena, nadie cree que el elegido surgirá de encuestas que harán empresas especializadas. El sentir generalizado es que el Presidente López Obrador tomará la decisión.

“Lo que diga mi dedito” fue una frase que en abril del 2019 hizo popular el de Tabasco, cuando en una mañanera los reporteros le preguntaron temas que no quería abordar.

Igual en noviembre de ese año, repitió la frase al manifestar que no cambiaría su estrategia en materia de seguridad pública.

En diciembre del 2020 se las volvió a recetar a los gobernadores, al advertirles que no permitiría que lo chantajearan, o sea dejarlo de criticar a cambio de darles más recursos.

Igual en marzo y en septiembre del presente, AMLO se refirió a su “dedito”. Ha llegado decir que es el que lo manda.

Por eso entre las bases ciudadanas y no solo actores, analistas y periodistas de Tamaulipas, la opinión es que López Obrador es quien definirá, tarde o temprano, sobre el abanderado de su partido a la lucha por la gubernatura, y no las encuestas.

Ellos mismos lo saben, los 38 y ahora seis que presuntamente van a las encuestas –una propia y otra a través de empresas- y están seguros que no necesitan mas que un solo voto.

Por eso buscan quedar bien con el jefe, hacer lo mejor que pueden ante sus ojos, llamar su atención y tratar de entrevistarse con él para difundir imágenes ante el respetable.

El “dedito” ya se “estrenó” en Tamaulipas y está educado. Los primeros designios se dieron para que su parentela llegara al Congreso del Estado con los sobrinos favoritos. Ya no tendrá por qué cohibirse en la gran decisión que viene.

Las encuestas son una forma de designación, de disciplinar a quienes no fueron los elegidos. Es mejor que aquella priísta del “sobre lacrado”, la convención de delegados o pronunciamiento de los sectores.

El pueblo no está preparado para la democracia partidista, se le tiene que conducir. Si en verdad  decidieran las mayorías, los partidos habrían desaparecido.

De los seis en Tamaulipas nadie se la traga, ya no los pueden chamaquear pero al menos nadie ha protestado. Aceptarán con disciplina los designios de Palacio Nacional. Es lo mejor para el partido. Evitarán divisionismos.

La pregunta ahora es por quién se decidirá ese “dedito”, si por el más eficiente, popular frente a las bases, el que enarbola los mejores proyectos, por el cuate y compañero “de banca” en la escuela, o el que ha demostrado ser “campeón de la lealtad”.

Para quienes conocen al inquilino de PN, las encuestas interpretarán el tema y darán el premio al que López considere como  el más leal y, si se combina como el mejor posicionado en la intención del voto, mucho mejor.

Me canso ganso que es el camino y ruta para “arreglar” Tamaulipas.

Bien para el partido mientras acepten los jugadores. Cambiarán las reglas cuando se den los primeros escurrimientos, que no pasará por esta ocasión.

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