Tere Aguilar y la última “noche triste”

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Cd. Victoria, Tamaulipas.- Cd. Victoria, Tamaulipas.- Eran cuatro o cinco vehí­culos viejos, con “relingos” como llantas. Las que tení­an se las robaron. Cargaron con todo lo que era fácil robar.

“Desaparecieron” todo tipo de automotores. Hasta camiones de volteo se “perdieron” según los documentos de la entrega-recepción del 31 de diciembre de 1995. Fue la última “noche triste” para los victorenses.

Entonces de 38 años, la alcaldesa sustituta Teresa Aguilar Gutiérrez dejó el peor desastre que se habí­a visto en la administración municipal de Victoria.

El edificio de la presidencia no tení­a energí­a eléctrica. Desde hací­a semanas la habí­an cortado los de la CFE por falta de pago. Se le debí­an tres millones de pesos.

La ciudad parecí­a “boca de lobo”, sin alumbrado público. En la mayor parte de los sectores la paraestatal cortó el suministro.

Tampoco habí­a servicio telefónico en el ayuntamiento. Si no pagas, Telmex corta de inmediato.

Desde semanas antes los trabajadores municipales no tení­an servicio médico. Teresita le quedó a deber cerca del millón de pesos al Hospital Civil, y más de 400 mil a la farmacia Chapa (frente al Civil) que surtí­a las recetas. Esto mandó a la quiebra a Doña Herlinda Hernández Hernández, la propietaria.

Pasaban las quincenas y los empleados municipales no veí­an su “raya”.

La Comisión de Agua no cortó el vital lí­quido para no generar más problemas a los escasos trabajadores que creí­an que un dí­a se les iba a pagar, y seguí­an “visitando” la Presidencia. No habí­a nada qué hacer, en qué trabajar.

Un centenar de proveedores desfilaban por Tesorerí­a un dí­a sí­ y otro también, con la esperanza de que cayera algo de dinero y les saldaran sus ajeadas facturas de tanto peregrinar.

La deuda con la Comapa ascendí­a a 750 mil pesos según el gerente Eliseo Garcí­a Leal. “Nunca me pagaron”, dijo por esas fechas.

Cerros de basura e las calles. Los camiones, tres o cuatro que quedaban, no tení­an diesel. El presupuesto se fue en la última campaña panista.

Es la negra historia de Tere a su paso por la alcaldí­a. Dejó una presidencia saqueada y con una deuda millonaria con proveedores y bancos.

Nadie le fiaba al ayuntamiento y habí­a demandas por la exigencia de pagos.

Antes de irse, Teresa y compañí­a hicieron acordar al cabildo la “venta” de los vehí­culos que cada quien tení­a en resguardo. Así­ justificaron el saqueo. El pago fue una “baba”.

Con Banorte la deuda ascendí­a a 1.4 millones de pesos y crecí­a cada mes. No hubo un solo “abonito”.

La ciudad apestaba a basura y… Corrupción.

La entonces Auditorí­a Mayor del Congreso del Estado le encontró decenas de facturas de empresas fantasmas “gringas”.

Más “virtudes” de Teresa: No quedó una sola máquina de escribir y menos computadoras (comenzaban a generalizarse). Las oficinas fueron saqueadas en escritorios y muebles.

Claro que no quedó ni un documento en los archivos, ni siquiera los planos de la ciudad.

Muchos proveedores se juntaron y demandaron. Se abrió la averiguación 936/1995 en la fiscalí­a a cargo de Salvador Rodrí­guez Estrada, pero este individuo nunca consignó ante un juez.

La demanda se enderezó en contra de Teresa, el Tesorero Benjamí­n Prieto Treviño y el Oficial Mayor, Fernando Dí­az Reyes.

Nunca se supo en qué quedaron las querellas, como tampoco otra demanda penal en contra de la propia Aguilar y de Prieto por fraude bancario, girar cheques en su beneficio (que por “retiro”) cuando ya no eran autoridad.

La demanda la habrí­a presentado el alcalde entrante, Pascual Ruiz Garcí­a, como manifestó a la prensa por aquellos dí­as.

Por eso causa pena –por no decir otra cosa- que Doña Teresa Aguilar Gutiérrez haya sido enviada al ayuntamiento victorense (2018-2021) a “sacar el buey de la barranca”.

Si no pudo hace 25 años, cuando se quedó al frente de la alcaldí­a con “hulera” libre, menos ahora que trabajará “con saliva” desde una oficina secundaria.

No le ayuda mucho esa mentalidad de que los victorenses –en especial deben ser los automovilistas- son corresponsables de los baches que perduran por la mancha urbana. Mejor hubiera cerrado su boquita.

Para comenzar no se sabe a ciencia cierta de dónde es originaria. Unos dicen que dejó el ombligo en San Francisco del Rincón, Guanajuato, y otros de sus amigos que vino al mundo en el Estado de México el 21 de julio de 1958.

Los bribones (y bribonas) a veces creen que el pueblo no tiene memoria. Se equivocan porque, a pesar de los años transcurridos, los ciudadanos tienen bien presente aquel ciclón que destruyó la capital.

La de Guanajuato llega como Directora de Análisis y Estrategia, cuyas funciones, según el Manuel de Organización, es: “Diseñar un plan visionario a largo plazo que permita al municipio desarrollarse estratégicamente en congruencia con las necesidades de la población”.

Tal documento registra que el personal a su mando (de Tere) son: Un departamento de Información y dos asesores. Sus funciones son de planeación y no ejecutivas.

No genera mucho consuelo entre los victorenses la llegada de la señora al equipo de la Presidencia capitalina.

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