¡México en guerra!

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El pueblo está cansado de tanta “pinche transa”. Así califica la denuncia que de “hechos” hace Emilio Lozoya en donde acusa a buen número de políticos: expresidentes, como Carlos Salinas, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto; excandidatos presidenciales, como José Antonio Meade y Ricardo Anaya. Entre la lista hay gobernadores actuales y otros que fueron, en su momento, senadores y diputados.

Los hechos confirman lo que, en su momento, sentencio Ricardo Monreal, el líder senatorial. De que las declaraciones, en este caso acusaciones de Lozoya, serian un temblor político. Creo, estoy convencido, de que no es solo un temblor, es una guerra política, cuyo escenario son tres: la Fiscalía, el Poder Judicial y los medios de comunicación; pero, sobre todo, en el ámbito mediático. ¡Sálvese quien pueda!

NO ABRAN TANTOS FRENTES.

Ya estamos acostumbrados a las “filtraciones” de indagatorias de la Fiscalía como de la Unidad de Inteligencia Financiera. Una de esas, cuenta que pusieron ante AMLO un expediente sobre Miguel Ángel Osorio Chong, actual senador y Secretario de Gobernación con EPN. Que la respuesta fue, categórica, contundente. Que no, no abran tantos frentes y, les hizo notar, que ese frente les traería más problemas que beneficios.

Efectivamente, cuando se abre un frente de combate, se entiende que contra tus enemigos, uno de los factores que se tienen que observar son las consecuencias. AMLO tomo una decisión correcta, y oportuna, al validar que se diera a Emilio Lozoya la oportunidad de comprar ventajas para su juicio, acusando a otros, se entiende, peces más gordos, como sería el caso de Felipe Calderón y Carlos Salinas a quienes, AMLO ha perdonado, pero no olvidado.

LOS FRENTES DE LOZOYA.

Todo hace indicar que fue Lozoya al contraer el compromiso de ser un testigo colaborador, solo pensó en salvarse, no ir a la cárcel o cuando menos librar una larga condena. Y en ese planteamiento, al bosquejar su colaboración con la Fiscalía, no midió cada uno de sus actos: las acusaciones que brotarían de su colaboración. Está abriendo muchos frentes y, por lo que se ve, no todos son consistentes. Con, además, el sanbenito, de que quien acusa, tiene que probar… a menos que, para otros, baste la sentencia de la opinión pública.

Menciono, por decir, solo tres casos: el de Antonio González Anaya como de Antonio Meade y el de Miguel Barbosa. A los dos primeros, afirma Lozoya que les entrego 4 millones de pesos en su respectiva casa. Ahí, la verdad, no creo que tenga video; ¿le firmarían un recibo? Si no es así, ¿Quiénes serán sus testigos para probarlo? Sera la palabra de unos y de otros. Y el caso de Miguel Barbosa, la verdad, da risa: cambiar la adscripción de su hermano. No hubo dinero de por medio.

DAÑO MORAL.

Felipe Calderón revira que, por salvarse, Lozoya acusa a quien le indique. No es, pues, defensa consistente; pero el caso de Ricardo Anaya da más de que hablar. ¿Se equivocó Lozoya en las

fechas? El acusado hace notar que las fecha que indican, de la entrega de dinero, él ni siquiera era diputado, que estaba en el partido y que no pensó nunca en ser gobernador de Querétaro, pero si estaba en pos de la dirigencia nacional de su partido. Hecho que, al final, alcanzo.

La cuestión es que, de los acusados, hay unos que de plano ya dijeron que no le tienen miedo. Al grado que Anaya ya hasta lo acuso de daño moral. En tanto que Francisco Domínguez, frente a AMLO, se defendió alegando que “El señor Emilio Lozoya ha pretendido involucrarme con una bajesa inaudita en actos de corrupción, ha aportado solo sus dichos que valen lo que su prestigio, nada”.

ACUSADO ACUSADOR.

La mejor defensa que están haciendo unos panistas es solo una: que en su momento ellos acusaron a Emilio Lozoya de corrupción, precisamente en algunos de los delitos que hoy le imputan y dan pie a la acusación que hace, entiéndase, para librar parte del castigo que merece por corrupto. En fin, habrá dos sentencias: la que emitirá la opinión pública, que es la que le interesa en estos momentos a AMLO, y luego la jurídica.

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