Lo que exportamos son braceros

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Entró en vigor el nuevo tratado de comercio con Estados Unidos y Canadá, llamado ahora T-MEX. Le dimos una “hojeada”. Se trata de mil 100 páginas del Diario Oficial de la Federación (29 de junio).

Estamos en emergencia de pandemia pero los lí­deres sectoriales de producción, o los funcionarios, ya deberí­an saber de memoria si hay algún mecanismo para generarle divisas a nuestros paisanos.

El sentir general es que no traerá beneficios o subirá algo a la mesa de las familias tamaulipecas, sino al contrario, puros problemas. La deducción es que, de no conceder la parte del león a los Estados Unidos, Donald Trump no lo hubiera firmado.

Para dilucidar mejor el tema, es necesario repetir que las principales empresas de Tamaulipas –capital, exportación y empleo- no son de aquí­, y la mayor parte ni mexicanas. Solo vienen a utilizar la mano de obra barata y dejarnos contaminación.

Mire usted en orden descendente: Negromex (Grupos Kuo y Repsol), Alpek-Dupont, Basf Mexicana, Delphi, Trico Componentes,  Lucent Technologies Microelectrica, T.R.W.V.S.S. Reynosa, Electropartes Matamoros y así­ sucesivamente firmas de maquiladoras.

Quí­mica y petroquí­mica están ubicadas en Altamira y en la frontera las maquiladoras, consideradas estas como armadoras que traen las partes de los Estados Unidos y solo utilizan un mí­nimo de productos locales.

Sí­ exportamos, estamos entre las primera diez entidades, pero son partes automotrices, televisores y equipo de cómputo y cientos más que solo se arman o ensamblan aquí­ y la riqueza se va para otras naciones. Es más, ni pagan impuestos.

Nos queda lo del campo.

Pero ya ni podemos presumir que nos deja la exportación agrí­cola porque las regiones más fértiles de Tamaulipas, con riego, están rentados a empresas extranjeras para la producción de tomate, cebolla, pepino y otros que van directamente a los Estados Unidos.

Para vender artesaní­as de Tula, sábila de Jaumave, algo de tequila de González y miel de Llera no tiene caso cantarlo.

Finalmente lo ganadero –venta en pie- que es algo de lo que podemos sentirnos orgullosos porque se trata de paisanos (bueno, no todos), y lo citrí­cola en que también despuntamos aunque con precios muy castigados.

Creo que es tiempo, por decir un ejemplo, que los poderosos lí­deres campesinos Florentino Aarón Sáenz Cobos, orgullo de El Mante, y el gonzaleño Raúl Garcí­a Vallejo, sepan de memoria las disposiciones del T-MEX sobre agricultura que incluye el subsector azúcar (de caña) de la que aquí­ también somos productores.

En ese largo documento hay unas lí­neas que dicen (artí­culo 3.4): “Ninguna Parte (paí­s) adoptará o mantendrá una subvención a la exportación en ninguna mercancí­a agrí­cola destinada al territorio de otra Parte”.

La advertencia es que nada de meterle lana oficial o subsidio. Los mismos productores (de las otras dos naciones) se encargarán de vigilar que un gobierno no destine apoyos porque serí­a competencia desleal.

Nuestros hombres son sorgueros y maiceros, pero no pueden competir libremente con los productores de los Estados Unidos y su alta tecnologí­a. No pudieron cuando el TLC ordenaba el subsidio a través de Procampo. La corrupción los arrastró.

Si los lí­deres de la UGRT, CNC y siglas por el estilo no tienen sobre sus escritorios un tanto del T-MEX, menos los que toman el tractor o sacan su ganado a pastar.

También es tiempo que funcionarios responsables de tales sectores productivos, Ariel Longoria Garcí­a y Carlos Garcí­a González, de Desarrollo Rural y Desarrollo Económico, nos digan ya si el tratado nos beneficia, perjudica o todo lo contrario (como dicen que dijo aquel que les platiqué).

Pero que sean beneficios para los productores autóctonos, no para forasteros o trasnacionales que solo vienen a ganar (sin que sea delito, desde luego).

El sentir es que Peña Nieto y López Obrador nos entregaron a los imperialistas. Las controversias ahora se van a dirigir en tribunales de los Estados Unidos y no en agencias internacionales del comercio.

Por lo pronto nos quedamos en que la exportación original de Tamaulipas solo es de braceros, con papeles y si papeles pero son miles, tanto que en el primer trimestre del 2020 enviaron 203 millones de dólares en remesas a sus familias.

Ante la llegada del T-MEX, más vale que nuestros hombres del campo, lo único original que nos queda, se vayan persignando y encomendándose a la virgen del Chorrito.

En otro tema, lo que tení­a que suceder, sucedió:  El INE ordenó retirar de sus páginas de Internet todo tipo de entrega de apoyos con motivo de la pandemia, a 63 funcionarios de 15 entidades.

Les dieron 24 horas para “tumbar” el material o recibirán sanciones económicas.

Claro que van los tamaulipecos: El senador Américo Villarreal Anaya; el alcalde de Nuevo Laredo, Enrique Rivas Ornelas; los diputados federales Erasmo González Robledo y Salvador Rosas Quintanilla, y el diputado local Félix Fernando Garcí­a Aguiar.

Sin medidas cautelares continuará el juicio en contra del presidente de Tampico, Jesús Antonio Nader y de los diputados Javier Garza Faz y Miguel Gómez Orta, porque ya habí­an retirado el material.

El proceso continuará y puede haber sanciones.

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