Tercera semana

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Para los tamaulipecos esta tercera semana de julio del pandémico 2020, es el inicio de la semana número 18, no que estamos en cuarentena (la cuarentena solo es de 40 dí­as), que estamos en confinamiento domiciliario.

Los datos estadí­sticos oficiales de Tamaulipas, por la Pandemia del COVID-19, según el reporte consultado a las 14:53 hrs., del lunes 20 de julio es: 12 mil 527 pacientes positivos, 14 mil 473 negativos; 5 mil 31 personas en investigación; 6 mil 482 enfermos recuperados; pero hay que lamentar 802 defunciones. Por lo tanto seguimos en el semáforo de la salud en rojo.

Significa por lo tanto que estamos en el dí­a 97 de aislamiento sanitario y son 802 tamaulipecos los que han pasado a mejor vida por esta pandemia, pero que en este momento hay más de 12 mil coterráneos en casa o los más graves en cama hospitalaria.

La reflexión es que si sumamos los 12 mil 524, más 14 mil 473 negativos; y 5 mil 31 en investigación; más los fallecidos; estamos hablando que en total son 32 mil 830 tamaulipecos quienes en forma directa han sufrido los sí­ntomas, pero más el temor de estar contagiados y el dolor que deben pasar. Pero ahí­ no para esto, porque hay que considerar a los familiares que también sufren la enfermedad, la agoní­a y hasta la muerte de aquellos que son ví­ctimas del COVID-19.

Por cierto, ayer por la tarde nos enteramos de que una profesora, viuda de un gobernador tamaulipeco muy querido y vecino de la capital del estado, ingresó por la tarde al Hospital Regional de Alta Especialidad con sí­ntomas del COVID-19, al grado que fue necesaria intubarla.

Lo mismo sucedió con el también profesor de primaria, cantautor de música vernácula y buen amigo del extinto Alfonso Pérez Vázquez, me refiero al originario de Huetamo Michoacán, Don Martí­n Urieta Molano, quien cayó ví­ctima del COVID-19.

Lamentablemente las autoridades de la Secretarí­a de Salud Federal, no han podido determinar ni con las estadí­sticas que pudieran orientar sobre el contagio masivo, lo que infiere una falta de autoridad para corregir, no solo los errores que se siguen cometiendo, sino para cambiar estrategia.

La voz oficial del COVID-19 en México no se ha podido desmarcar de la incredulidad presidencial sobre la existencia y permanencia del virus y los noticieros de televisión y radio nacionales, difunden los promocionales del Ejecutivo para salir de casa, no usar cubre boca y socializar con los demás.

Por otro lado, siguen sucediendo distractores publicitarios para amortiguar los golpes pandémicos como el supuesto combate a la corrupción, con la detención en Mallorca, España y extradición a México del ex director de Petróleos Mexicanos (PEMEX).

Lo extraordinario es que el gobierno mexicano fletó un Jet de la Fiscalí­a General de la Nación para ir por él y traerlo a tierras aztecas, y por las caracterí­sticas del aeronave, hizo poco más de 17 horas de vuelo con escala en Canadá -solo de ida-, contra las 10 horas de vuelo que hace una lí­nea comercial en vuelo directo México- Madrid, Barajas.

No hay otra forma de llamar a la burla que se montó, cuando poco después de las 4 am del jueves, sale el convoy de 5 vehí­culos donde presumiblemente viajaba don Emilio, pero ahora se sabe que salió por la puerta de atrás, nadie entendió del porqué de la simulación.

Ni el presidente Manuel López, ni el Secretario de Seguridad, sabí­an lo que pasaba, El pobre Santiago Nieto fue sorprendido con el teléfono en la mano para buscar él la información, mientras los reporteros de la presidencia de la República fueron los primeros de enterarse que don Emilio no llegó al Reclusorio y que tampoco se habí­a mandado al hospital. Aunque hubo una versión inicial de que el prisionero protegido fue enviado a un Hospital Militar de la SEDENA, pero después los boletines cambiaron, como las estadí­sticas de López Gattell, a que era un hospital privado.

Finalmente, los sí­ntomas que sirvieron de base para que don Emilio ‘N’ no pisara la cárcel, me parece son muy fantasiosos pues hablar de una anemia que se detecta en minutos, es demasiado aventurado.

No faltan los incrédulos de la justicia de la 4T cuando afirman que inculparan a lombrices de aguas puercas y no a peces gordos como se esperaba. No podemos obviar que el repatriado nació en cuna con pañales de seda.

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