Para que las mujeres mexicanas votaran por primera vez en una elección, hecho que sucedió hace 71 años, el tres de julio de 1955, hubo antes una gran lucha social que se concretó con la publicación del decreto expedido el 17 de octubre de 1953, sobre la base de la reforma constitucional impulsada por el presidente Adolfo Ruiz Cortines, mediante la cual se reconoció la ciudadanía plena de las mujeres, misma que no contenía la Constitución de 1917.
Esa elección de hace 71 años fue un proceso para cambiar a los diputados federales que integrarían la XLIII Legislatura, obteniéndose un resultado histórico, ya que por primera vez cuatro mujeres fueron electas como representantes populares: Margarita García Flores, del vecino estado de Nuevo León; Guadalupe Urzúa Flores, de Jalisco; Remedios Ezeta Uribe, del Estado de México, y Marcelina Galindo Arce, de Chiapas.
En la actualidad, no solo votan y definen las elecciones con su participación en las urnas, sino que están representadas con la mitad de las posiciones en las cámaras legislativas federales y estatales; conducen una buena parte de las legislaturas del país y, por qué no decirlo, tienen una participación mayor que la de los varones.
La trascendencia del voto femenino equivale ahora a la paridad de género, guardadas las proporciones en cuanto al tiempo de cada una de estas conquistas. Pero la realidad es que el sufragio de hace 71 años fue la culminación de una prolongada búsqueda sufragista en medio de una disputa que permeó tanto al ámbito político como a los componentes sociales y culturales.
Por eso, jamás tendrá que verse como un regalo y menos como una acción repentina del gobierno. Se trató de la culminación de una lucha de más de medio siglo para que ellas tuvieran los mismos derechos políticos que los hombres, tras quedar excluidas de ello en la Constitución de 1917.
Ahora bien, ¿cuáles fueron los beneficios tangibles del voto de las mujeres a 71 años de distancia? Muy sencillo: la ampliación de la democracia, el reconocimiento de la igualdad jurídica y política, el acceso a cargos públicos, una mayor representación de los intereses de las mujeres en educación, salud, trabajo y combate a la violencia, además de una presencia creciente en la agenda pública; todo ello al grado de que hoy México tiene una presidenta de la República en la persona de la doctora Claudia Sheinbaum Pardo.
Los otros
En los próximos días y, desde luego, antes del 15 de julio, las áreas de servicios escolares, administración y las académicas de las Unidades Académicas y Facultades de la Universidad Autónoma de Tamaulipas trabajarán a marchas forzadas para proveer información y dejar avanzado el proceso de ingreso de las y los nuevos estudiantes para el primer semestre de las 89 carreras que se imparten en los campus que la institución tiene en las diferentes regiones de la entidad.
En muchos de los casos, los directivos tendrán que hacer de tripas corazón, porque habrá, como siempre, jóvenes que no tuvieron el resultado adecuado, pero insistirán en buscar un lugar para estudiar la licenciatura que se propusieron.
Aunque todas las Unidades Académicas tienen carreras con mucha demanda, las hay que la superan ampliamente, como es el caso de las relacionadas con las ciencias de la salud, entre ellas medicina, enfermería, psicología y, desde luego, veterinaria.
Pero también sucede en aquellas facultades que tienen licenciaturas de contabilidad, ingeniería y ciencias sociales, de manera que podrá verse a directivos en la búsqueda de espacios para que todos aquellos que tienen gran fe en la UAT como formadora de profesionistas competitivos puedan lograr su matrícula.
Existe un gran compromiso del rector, médico Dámaso Anaya Alvarado, para atender la demanda de ingreso y hará todo aquello que esté en sus manos para que siempre haya espacios en favor de quienes concluyeron sus estudios de bachillerato y decidieron, con el respaldo de sus familias, cursar una licenciatura para abrirse paso en la vida laboral una vez que concluyan los planes de estudio previstos para nueve o diez semestres, de acuerdo con la carrera de que se trate.
Desde que el actual rector tomó el mando de la Universidad, la matrícula ha crecido en todas las carreras y hasta se ha llegado a mencionar que los aspirantes superan los cinco mil para ingresar a la UAT; sin embargo, será hasta principios de agosto cuando la información oficial dé a conocer la cantidad de alumnos que estarán en el primer semestre de todas las carreras, en el entendido de que la comunidad estudiantil está conformada por más de 42 mil alumnas y alumnos.
La dinámica de la UAT va más allá de la organización de los ciclos escolares y, durante el verano, abre una serie de cursos no solo para universitarios, sino también para la población de todas las edades, quienes pueden ingresar a talleres y actividades de capacitación a través de plataformas digitales y campamentos.
Algunos de estos últimos cuentan con programas bien definidos para menores y jóvenes, como el que se lleva a cabo en las instalaciones de Valle Hermoso, bajo un esquema de neurodiversidad dirigido a personas con autismo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y otras neurodivergencias, otorgándoles atención integral.














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