Redacción| Bernardo de la Rosa
En Tamaulipas, donde la pobreza golpea con fuerza a miles de familias y el acceso a la educación sigue siendo una lucha diaria, las becas deberían representar esperanza, no privilegio. Sin embargo, la realidad que hoy sale a la luz exhibe un rostro vergonzoso del poder: la rapiña institucionalizada dentro de la Secretaría de Educación (SET) y la Sección 30 del SNTE.
La investigación que revela el desvío de 4.6 millones de pesos en becas destinadas a hijos de maestros, madres trabajadoras y personas con discapacidad es solo la punta del iceberg. Porque detrás de los números hay una red de favores, complicidades y abuso de autoridad, donde los recursos públicos —que deberían aliviar necesidades reales— se distribuyeron a conveniencia de unos cuantos con poder y cercanía política.
El botín de las becas
El hallazgo es indignante: docentes comisionados, familiares de líderes sindicales y funcionarios de la propia SET recibieron apoyos económicos que superan por mucho los límites establecidos en los lineamientos del programa. Mientras una madre trabajadora apenas puede aspirar a una ayuda de 1,500 pesos, hubo quienes cobraron hasta 142 mil pesos en becas.
¿Y el argumento? Ninguno. Solo el silencio cómplice de los que se dicen defensores del magisterio y servidores públicos.
Corrupción con sello institucional
No hablamos de un error administrativo. Hablamos de una estructura que opera con total impunidad, donde los cargos públicos y sindicales se usan para beneficio personal. La Unidad Ejecutiva de la SET, dirigida por un exoperador sindical y político, autorizó sin pudor los listados de beneficiarios. Todo esto bajo la mirada permisiva de los altos mandos, quienes hoy se deslindan, hablan de “nuevas reglas” y prometen “transparencia”.
Pero las disculpas tardías no borran el abuso. La educación fue convertida en moneda de cambio, en trofeo político y en botín económico.
El costo moral
Mientras unos cuantos se enriquecen, cientos de estudiantes siguen sin recibir apoyo, sin acceso a material escolar, transporte o conectividad.
El daño no solo es financiero; es moral. Porque cuando una beca —pensada para la justicia social— termina en manos de un funcionario con sueldo privilegiado, se rompe la confianza de toda una sociedad.
Ese es el verdadero crimen: la traición a los principios que sustentan la educación pública.
El cinismo del poder
Resulta insultante escuchar al titular de la SET decir que “colaborará con la investigación”.
Colaborar no es un favor, es una obligación. Y lo que los tamaulipecos esperan no son promesas de transparencia, sino renuncias, sanciones y justicia.
Ya basta de discursos vacíos. Ya basta de justificar la corrupción con tecnicismos o supuestas “lagunas administrativas”.
El abuso fue claro, los documentos existen y los beneficiarios tienen nombre y apellido.
Conclusión
Hoy la SET y el SNTE enfrentan una prueba moral y política.
O se depuran a fondo o quedarán marcados como símbolos del cinismo y la impunidad educativa.
Porque mientras el pueblo lucha por sobrevivir, los poderosos siguen llenándose los bolsillos con el dinero de la educación pública, ese que debería ser sagrado.
La educación no puede seguir siendo botín del poder.
El magisterio y la sociedad tamaulipeca merecen respuestas, no pretextos.
Y si la Fiscalía de verdad quiere recuperar la confianza ciudadana, que empiece por castigar a quienes creyeron que una beca era su premio.
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