El huésped

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Revisando archivos de respaldo, encontré el que ahora transcribo, me pareció interesante rescatarlo por su fino contenido, por la delicadeza de la autora de abordar un tema por demás inquietante, porque trae un mensaje que envuelve el miedo, ese 2003.

Es de la autorí­a de la Maestra en Lenguas Españolas, Ernestina Olmedo Núñez y contrario al espacio regular de esta columna, me pareció ingrato editarlo de alguna forma y lo entrego tal como lo encontré.

Dice la Maestra Olmedo Núñez: “Nunca preguntó si deseábamos admitirlo en nuestro hogar… si querí­amos que viniera a vivir en nuestra casa. Nunca nos tomó parecer si aceptábamos su presencia…

Serí­a mentir decir que no esperábamos su llegada… habí­a ya visitado tantos hogares de amigos, familia y gente conocida… Yo, al menos, presentí­a su visita.  La  temí­a.  No en vano tení­a referencias de  cómo destrozaba los lugares en donde llegaba a aposentarse.

Su solo nombre es suficiente para tener el impulso de cerrar puertas y ventanas… pensar en ocultarnos… escapar tal vez… Sin embargo todo resulta inútil cuando de admitir a este huésped se trata.

Como siempre ocurre era una hermosa mañana, llena de sol y de limpio cielo cuando  nos enfrentamos a recibir la notificación de su llegada… el sol parecí­a que se burlaba pues reflejaba alegremente en aquel blanco papel.

Una nube… de ésas negras que acostumbran aparecer en el interior del alma, ensombreció el dí­a, nuestro dí­a, nuestros dí­as… y todo el papel silenció todo, porque las letras ahí­ escritas tení­an ése poder.

Un momento -muy breve- la vida se paralizo: tres sí­labas y la puerta de la vida familiar quedaba abierta… para que por ahí­ entraba ruidosamente el huésped indeseable, ése que nadie quiere pero que se anida sin pedir permiso, sin autorización de nadie.

Era muy claro Carcinoma leí­mos con toda claridad.

¿La historia de por qué estaba este personaje entre nosotros? ¡Es lo de menos! No necesitas ser un ente especial… simplemente, un dí­a, el Cáncer –CA como dicen los médicos- decide llegar.

¿Dinero? ¿Posición polí­tica?, no importa porque así­ ha llegado a muchas familias y así­ llegó a nosotros y comienza otra historia de vida…

Nunca se han puesto de acuerdo los que dicen que saben y nos contentamos con declarar que somos una familia pequeña, apenas cinco miembros. Sin embargo no por pequeña en número, dejamos de ser una gran familia.

Esta es una familia sin complicaciones,  con una historia común para muchos y muy especial para pocos; con tradiciones muy propias y únicas que solo las vivimos nosotros. Tenemos amigos, trabajo y muchas ocupaciones.

í‰se es el detalle tenemos… a partir de hoy tenemos una familia con temor, una familia que debe luchar unida, con los médicos para que el huésped no  prolongue su estancia y en el peor de los escenarios nos quiera arrebatar lo nuestro.

A lo largo de casi veinticinco años esta familia ha procreado tres hijas quienes han recibido como primera enseñanza la responsabilidad, orden y perseverancia porque siempre hemos creí­do es lo mejor que podemos heredar.

Cuando hablo de orden y responsabilidad me refiero a las horas de llegada, de salida, de estudio, a la puesta en común para planear las vacaciones y los fines de semana. Consideramos que el orden implica respeto.

En la familia, como en muchas otras, tratamos de respetar las reglas que emanan de las necesidades propias y de los demás; esto ha dado como resultado que cada uno sea considerado importante para todos y nos gusta escucharnos, todos tenemos algo importante que decir.  Nos gusta estar juntos, comer juntos, pasear juntos.

Así­ que el hecho de recibir a un huésped obligado, implicó grandes cambios en la vida de la familia. No hace mucho que Cáncer vino a vivir con nosotros, sin embargo, rige en gran medida nuestros destinos, porque implantó desorden en  unas vidas tranquilas, trajo llanto silencioso, desconcierto, sobre todo al inicio de su llegada.

Uno de los primeros retos fue aprender a llamarle por su nombre… sin miedo. Uniendo los cinco sonidos que ensombrecen cualquier discurso; Después, admitir que  ya nuestra vida no iba a ser tan ordenada como hasta ahora… muchas veces tendrí­amos que faltar a la hora de la comida… muchas otras las comidas podrí­an ser interrumpidas… tal vez serí­a necesario faltar a la escuela o al trabajo… no serí­a ser irresponsable atender prioridades. Aprendimos que atender el Cáncer es prioritario.

Por el momento, Cáncer, el huésped que nadie desea, nos mantiene lejos de casa. Por lo menos parcialmente. Nos pide tiempo: se lo estamos  dando… Nos reclama dinero: se lo estamos entregando… Somos casi sus rehenes… Es un huésped posesivo, egoí­sta, cruel y traicionero. Así­ lo trataremos.

Nuestra vida ha cambiado por su causa, nos veamos precisados a admitir su presencia, por ahora es un personaje principal en la familia, pero estamos seguros nunca será un actor permanente en nuestra vida.

Le atenderemos, le daremos las mejores atenciones. Le entregamos nuestro tiempo, todo el que necesite. Pondremos gran parte de nuestros recursos a su disposición, pero es claro nunca renunciaremos a la vida que durante veinticinco años creamos.

Sentimos como una tradición, ser una familia optimista y amorosa. Estas dos caracterí­sticas nos han permitido vencer dificultades y Don Cáncer nos está dando la oportunidad de saber qué tanto hemos alcanzado la madurez como seres humanos y como parte de una gran orquesta.

El Cáncer nos está dando la oportunidad de saber que tipo de padres, esposos, hijos, hermanos hemos sido… nos está dando la oportunidad de conocer y reconocer a los amigos.”

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