Zertuche para delegado federal

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Alejandro Rojas Díaz Durán aceptó subirse al ring contra Yeidckol Polevnsky luego de la grosera increpación que le dedicó la dama a él y a Ricardo Monreal, pues el senador suplente anunció en entrevistas de radio y en un mensaje en redes sociales, que pedirán su relevo al frente de MORENA.

Yeidckol no se midió cuando calificó de sabandijas y traidores (“venden candidaturas”) a quienes se atreven a emplazarla a cumplir los principios básicos del partido fundado por Andrés López Obrador, de practicar la pluralidad, el diálogo, la concertación, la apertura.

Son mentiras. La comisión de honestidad y justicia de ese partido apenas empieza a trabajar en la investigación del caso, para certificar si como se quejan, la lista fue elaborada por consigna superior, haciendo a un lado a aspirantes de polendas.

Otro tema relevante de la semana fue la aprobación que hizo la cámara de diputados, de la propuesta de MORENA para reformar la Constitución e incorporar la figura de revocación de mandato y consulta popular.

PAN y PRI se opusieron frenéticamente bajo el argumento de que se trata de una maniobra encaminada a abrir la puerta a la reelección de Andrés Manuel López Obrador, pero no pudieron explicar cómo sería eso posible, sin otra reforma expresa a la Constitución.

Los legisladores de MORENA sacaron adelante su propuesta en una sesión que se prolongó más de siete horas (¡ahora sí trabajaron!) al hacer prevalecer el apotegma político de que, en democracia, el pueblo pone y el pueblo quita.

Los detractores exigen que se cumplan los términos institucionales de una elección, si es de Presidente, que dure seis años, sin necesidad de recurrir a consultas populares para convalidarlo… o rechazarlo.

Pierden de vista que la elección de servidores públicos es resultado de una consulta popular, recogida en las urnas. La revocación de mandato se promoverá mediante otra consulta popular, avalada por el INE, en elección constitucional de diputados federales.

En la opinión personal del columnista, la revocación de mandato es una buena medida porque concede a los ciudadanos la oportunidad de enmendar el error de tener al frente de una administración pública a personas impreparadas, negligentes o corruptas.

Pero también ofrece la opción de confirmar en sus cargos a funcionarios que tengan desempeños de buenos resultados, lo que sería algo así como un refrendo popular equivalente a una pública felicitación, premiación, reconocimiento y estímulo.

Imagínese el lector, si Enrique Peña Nieto hubiera sido sometido a un referéndum; se habrían impedido tantas calamidades…

La buena noticia es que la revocación de mandato aplicará también para los casos de Gobernadores de los Estados. La mala noticia es que las respectivas cámaras locales de diputados, tendrían qué aprobarlo mediante reformas a sus Constituciones.

Le tiemblan las corvas a Glafiro Salinas Mendiola hasta para ver a los ojos a su jefe político. Le darían soponcios si lo pusieran en la disyuntiva de aceptar la discusión de una propuesta de revocación de mandato en la orden del día de una sesión legislativa.

Peña Nieto le hizo un daño enorme a México con sus reformas estructurales y también con su tolerancia a las prácticas de corrupción en las esferas gubernamentales, como el robo de combustibles a mano de los propios funcionarios de PEMEX.

Ahora estamos inmersos en un proceso de reconversión encaminado a restaurar la normalidad, con las naturales resistencias de quienes quieren conseguir que las cosas sean como antes para seguir disfrutando de privilegios inconmensurables.

El lunes 18 de marzo, por ejemplo, los mexicanos recuperaremos la tradición de celebrar la expropiación petrolera, una fiesta que ya no tuvo sentido hacerla cuando Peña Nieto fue Presidente, pues privatizó la explotación del subsuelo, en beneficio de consorcios extranjeros.

Carlos Romero Deschamps, el dueño del sindicato de trabajadores petroleros desde hace ¡30 años!, publicó una Carta Abierta para exigirle al Presidente López Obrador, que le haga a él un espacio en la ceremonia respectiva.

El descaro de este corrupto espécimen tricolor es que habla en su documento público a nombre de los trabajadores, a esos mismos que ha explotado durante tres décadas y que le han soportado que se enriquezca brutalmente con canonjías de PEMEX y con cargos de elección popular.

Se antoja esta maniobra de Romero, como un intento desesperado de esgrimir en su defensa a la masa trabajadora, contra su inminente comparecencia ante autoridades judiciales, para que explique el origen de su fortuna, con el automático y natural desplazamiento del liderazgo nacional gremial.

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