Un alumno del CBTis 24 fue agredido por al menos cinco jóvenes cuando se dirigía a tomar el transporte público. Según la denuncia, utilizaron armas blancas y objetos metálicos. Pasajeros de un microbús intervinieron y evitaron una tragedia mayor. La familia exige investigación formal, sanciones y mayor seguridad en la zona.
Por Bernardo Dla Rosa Castillo | Reportero
Ciudad Victoria, Tamaulipas.– Un estudiante del CBTis 24 resultó lesionado tras ser violentamente agredido por un grupo de jóvenes cuando salía del plantel, en un hecho que ha generado indignación entre padres de familia y la comunidad estudiantil.
De acuerdo con el testimonio del padre de la víctima, Daniel Alexander fue interceptado la tarde-noche del lunes cuando se dirigía a tomar el microbús de la ruta 17, después de concluir sus clases. Al menos cinco sujetos lo rodearon, tres de ellos presuntamente alumnos del mismo centro educativo.
Según la versión familiar, los agresores no solo lo golpearon, sino que utilizaron armas blancas y objetos metálicos durante el ataque, intentando presuntamente privarlo de la vida.
La situación pudo terminar en tragedia; sin embargo, pasajeros de un microbús que circulaba por la zona descendieron de la unidad al percatarse de la agresión y auxiliaron al joven, logrando ponerlo a salvo.
Minutos después, paramédicos acudieron para brindarle los primeros auxilios y trasladarlo a un hospital, donde permanece internado bajo observación médica. Daniel será sometido a diversos estudios para descartar lesiones internas o complicaciones mayores en su estado de salud.
El propio joven habría confesado a su familia que días antes fue amenazado por otro estudiante, situación que no fue denunciada por temor.
Este antecedente abre un debate importante sobre la detección oportuna de señales de alerta y la necesidad de fortalecer los canales de denuncia y acompañamiento dentro de las instituciones educativas. La violencia escolar no surge de manera espontánea; generalmente escala cuando no se atienden advertencias previas.

La familia del menor exige que el plantel responda institucionalmente y establezca medidas claras para reforzar la seguridad en horarios de entrada y salida. Asimismo, solicitaron la intervención del Ministerio Público para que se inicie la carpeta de investigación correspondiente y se deslinden responsabilidades conforme a la ley. También pidieron que la Guardia Estatal incremente los patrullajes en la zona para prevenir nuevos hechos de violencia.
La agresión registrada no puede minimizarse como una riña estudiantil. El uso de armas blancas y la participación de varios agresores eleva la gravedad del caso y obliga a una actuación firme por parte de autoridades escolares y ministeriales.

Surgen cuestionamientos inevitables: si existen protocolos efectivos de prevención de violencia en el plantel, si hay supervisión adecuada en horarios de salida y qué papel deben asumir los padres de los presuntos agresores.
La formación en casa, la vigilancia institucional y la actuación oportuna de la autoridad son factores clave para evitar que este tipo de episodios se repitan. La comunidad educativa demanda que el caso no quede impune y que se establezcan medidas preventivas reales. La seguridad de los estudiantes no es opcional; es una obligación compartida entre familia, escuela y autoridades.















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