Destruyendo fantasmas

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Maremágnum

Mario Vargas Suárez

 

María Serrano Viteri es el nombre de una española, originaria de Bilbao, que en un intercambio con la Autónoma de Tamaulipas llegó a estas tierras para participar en un curso sobre metodología de investigación que se impartía en la Licenciatura en Comunicación y Relaciones Públicas. Hoy esta licenciatura tiene un plan curricular diferente pero con la misma esencia.

El fantasma que la española venció más que otra cosa por orgullo propio, se dio cuando asistió ‘obligada’, por un profesor, a una conferencia, donde se mencionaron algunas temáticas de su interés, pero que no logró comprender por su falta de información. La destrucción de su fantasma se dio cuando entendió lo pobre de su preparación, aún en los temas importantes para ella.

Una pregunta viene al caso… ¿Solo en la escuela hay fantasmas que destruir? Las respuestas son muy diversas.

Ayer asistí a una conferencia en el Auditorio Dr. Bartolo Pablo Rodríguez Cepeda, de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales Victoria, que dirige el Dr. Armando Villanueva Mendoza, en la Autónoma del Estado.

La Coordinación de Tutorías de la Facultad, a cargo de la Mtra. Catalina Garza Vázquez, invitó al estudiante de Ciencias de la Comunicación, Javier Guevara Hernández, para sostener una plática testimonial sobre una enfermedad que pareciera está creciendo en el mundo: El cáncer.

Narra el universitario que motivado por su carrera, conoció e inscribió en el Programa de Movilidad Estudiantil e hizo trámites para acudir un semestre a una institución homóloga en Colombia, Sudamérica.

La idea central fue conocer alternativas de formación en los comunicólogos colombianos, pero por algunos trámites el viaje se aplazó, y ello permitió atenderse de algunas molestias que al final resultaron ser un cáncer de testículo.

Para Javier destruir este fantasma del cáncer no fue sencillo, “…porque desde niño tenía miedo de los hombres y mujeres vestidos de blanco, pues significaban inyecciones y eso me llenaba de pavor.”

Con el diagnóstico claro, el estudiante en Ciencias de la Comunicación, se propuso salir adelante; estuvo consciente de iniciar una luchar “…porque el cáncer me estaba costando un huevo… y no era fácil”.

“En medio de mis miedos aprendí a disfrutar a la familia, a los amigos, a los vecinos, a los compañeros de clase… Aprendí a entender a esta enfermedad que para muchos es la muerte y para otros un reto en el que debes apoyarte en todos… hasta de la soledad”.

El universitario, estudiante de la UAT, admite que hasta llorar a solas o con la familia es un ejercicio que sirve de descanso al alma, “…para volver a las sesiones de quimioterapias más vigorizado, porque golpean fuerte.”

Las muy largas sesiones conectadas al catéter por donde ingresa la quimioterapia a tu cuerpo, terminan por arrancarte el pelo, la fe, la esperanza, el anhelo por vivir. La confianza no es una receta que se aprende de memoria, son vivencias que te enseñan a vencer los miedos, propios de la amenaza.

El paciente adquiere este ‘nombre’ porque debe esperar… resultados; esperar… el diagnóstico de los médicos; esperar… la reacción de la medicina; esperar… el milagro de vida… esperar, solo esperar.

La amenaza constante: La muerte. No solo como producto de la enfermedad sino como una opción con la que el paciente lucha, sueña y hasta ciertos momentos anhela, como solución a esta pesada carga que le toca vivir.

Finalmente, Javier admite que la rutina familiar cambia obligatoriamente, porque por recomendación médica los alimentos ya no son los habituales, las rutinas de comida, los descansos y hasta lo recreativo también se ve afectado.

La aceptación o rechazo de la familia el paciente lo percibe. En cierto momento usted puede percibir la tristeza familiar, lo gris de las perspectivas, la depresión financiera que en mucho de los casos es muy severa, pero es primordial aceptar las ayudas profesionales, como la que recomienda la Mtra. en Psicología, Ma. Guadalupe Resendez González, del ICERT.

 

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