Washington, D.C. – El espectáculo militar que el expresidente Donald Trump había anhelado durante años finalmente se hizo realidad este sábado en la avenida Constitución. Con tanques de guerra, tropas armadas, paracaidistas, sobrevuelos y una salva de 21 cañonazos, el evento fue concebido como un homenaje patriótico… pero dejó a muchos preguntándose si se trataba de una demostración de fuerza o de ego.
Mientras Trump proclamaba que “otros países celebran sus victorias; ya era hora de que lo hiciera Estados Unidos también”, miles de manifestantes tomaron calles en distintas ciudades, denunciando que el acto reflejaba más a una república en crisis que a una democracia saludable. Carteles con frases como “Trump no es América” o “No al militarismo” contrastaban con las imágenes de tanques M1 Abrams rodando frente al Capitolio.
El exmandatario —quien aún enfrenta procesos legales y mantiene un discurso polarizador— aprovechó el evento para lanzar advertencias: “Si amenazas al pueblo estadounidense, nuestros soldados irán por ti”, dijo, en lo que críticos interpretan como una declaración más cercana al populismo autoritario que al discurso civil de un líder democrático.
El desfile, más allá de su despliegue visual, revivió los temores de quienes han acusado a Trump de minar las instituciones y de pretender instaurar una cultura del miedo basada en el poder militar. “Los desfiles con tanques no son tradición en Estados Unidos; lo son en regímenes autoritarios que necesitan recordarle a la población quién tiene el poder”, expresó un veterano de guerra que asistió a la protesta en Nueva York.
A pesar de la envoltura patriótica, el evento recordó que el trumpismo sigue apelando a una narrativa de fuerza, exclusión y confrontación. Y en un año electoral, la puesta en escena parece más bien un ensayo de campaña, no un acto de unión nacional.
















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