El Plan Nacional de Desarrollo…

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Según datos oficiales entre el 70 y 80 por ciento de los mexicanos viven un grado de pobreza, unos carecen de vivienda, otros de trabajo, algunos más no tienen para curarse o enviar a sus hijos a la escuelas, otra parte no tienen para vestirse y, de todos los mencionados, como 11 millones de mexicanos carecen de dinero para comer aunque sea una vez al dí­a, son los que viven en la pobreza extrema y, por si estos males fueran pocos, todo se adereza con la existencia de regiones del paí­s donde su gente está y se siente insegura por vivir en la violencia.

Al respecto dice el Presidente Andrés Manuel López Obrador que tanta desigualdad tiene su origen en la polí­tica neoliberal que aplicaron los últimos seis o siete presidentes de la República los cuales no escuchaban al pueblo cuando de diseñar un Plan Nacional de Desarrollo se trató, que los ex practicaban el pillaje y obedecieron siempre ordenes del extranjero para favorecer a unos cuantos.

Por supuesto que tiene razón el presidente, la polí­tica neoliberal provocó una competencia entre ricos y pobres con una enorme desventaja para las clases necesitadas y poca educación, solidaridad y visión de Estado de los pudientes que ahora ven como este paí­s se desborona, como quiebran muchas de las empresas, incluidas las propias, que son ví­ctimas de la ambición del pasado, de la corrupción y violencia que azotan por todas partes a este México lindo y querido.

Ante esas circunstancias Andrés Manuel declaró abolido el sistema neoliberal y también, según él, el  no escuchar a la gente, prometió revisar las propuestas que haga el pueblo para diseñar un  Plan Nacional de Desarrollo acorde a nuestros tiempos, con una visión de Estado, eso lo dijo dentro de uno de los primeros foros para diseñar dicho documento.

Esas fueron los dichos del Presidente, prometió no más polí­tica liberal y escuchar, el poner esos foros a disposición del pueblo para que, ahora, si, haya un verdadero desarrollo.

Lo triste es que sus palabras, por lo menos las relacionadas a escuchar, son una farsa, un engaño, una mentira ya que todos sabemos que López Obrador tiene en marcha un programa nacional de asistencia que beneficiara a los viejitos, madres solteras, discapacitados, estudiantes y hasta a las personas que no estudian ni trabajan o viven del delito como proteger al crimen que se roba la gasolina.

También en materia de seguridad pública AMLO tiene su plan, ya existe la Guardia Nacional además que Morena, e incluso otros partidos que se dicen sus opositores, ya diseñan un plan para legalizar el consumo de mariguana.

Por supuesto que en educación y salud, sistemas que representan más de la mitad de la inversión de los gobiernos, ya también existe un plan del gobierno actual, en lo primero echar abajo la reforma educativa que, según él es punitiva y en el segundo centralizar todo en corto plazo, en menos de dos años salud pasará a depender del gobierno federal en todas sus partes.

Es decir, el presidente Andrés Manuel ya aplica su estrategia y su propio Plan Nacional de Desarrollo, ya tiene destino para los recursos del paí­s y es darle dinero a los pobres, ese es su plan no neoliberal y que no se le ha diseñado en el extranjero.

Su proyecto, por supuesto, es una de las urgencias del paí­s, se tiene que evitar que la gente muera de hambre e igual buscar que algunos tengan la suficiente inteligencia y sentido común para vivir más dignamente sin embargo es un hecho que a mediano y largo plazo no habrá desarrollo y si lo hay será falso, fabricado en la nube presupuestal y no en hacer que los más pobres generen su propia riqueza.

Pero además el riesgo es muy grande, el plan de AMLO se enfrentará a los vicios de siempre, a los estudiantes, ninis, madres solteras y hasta vijejecitos que se gastan el dinero, que no les cuesta, en cerveza, cigarros, recargas para celular, café y párele de contar, es decir, el problema de fondo continuará.

Si, es probable que algunos de los beneficiados guarden su dinero, lo inviertan en su educación o en capacitarse, algunos incluso para echar a andar un proyecto personal pero las estadí­sticas no favorecen esas opciones.

Mire, le pondré una tarea sencilla para que vea de donde nace tanto escepticismo, busque entre sus vecinos a quienes fueron beneficiarios del programa Progresa el sexenio pasado, investigue en que se gastaron su dinero, es más, investigue en cuanto ha cambiado su nivel de vida, de qué ha servido ayudarlos y se encontrará que la realidad es que en casi nada.

Es claro que la propuesta del presidente de ayudar a los más pobres le dará muchos votos y popularidad en las siguientes elecciones, igual hay que decirlo, además es buena porque ya era tiempo que programas tan ambiciosos de beneficios se aplicarán en serio, el problema son los riesgos, el grave problema será que en seis años este paí­s no tenga otra salida más que seguir dándole dinero a la gente porque seguirá siendo pobre.

Exacto, tal vez lo que hace falta es que el presidente realmente escuche y entre las propuestas surja una que le ponga objetivos a cada beneficiado, que diseñe un plan para que al sacarlo en uno, dos, tres o cuatro años de los beneficios pueda vivir con dignidad y mucho mejor que con ellos, ese serí­a un verdadero Plan Nacional de Desarrollo y no solo gritar que se escucha y que hemos llegado al final del neoliberalismo sin que se explique qué rumbo tomaremos y para qué.

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