El ingeniero José Pecero encabezó la instalación y rehabilitación de red eléctrica y luminarias en los ejidos Verde Chico, Verde Grande y Benito Juárez, en Soto la Marina, beneficiando a comunidades rurales que enfrentaban rezago en servicios básicos. Las acciones fueron reconocidas por habitantes, quienes destacaron la importancia de resultados concretos ante la falta de atención de la actual administración municipal.
Soto la Marina, Tamaulipas. — Mientras la administración municipal concentra su discurso en promesas y posicionamientos políticos, en territorio rural los ciudadanos siguen esperando resultados. En contraste, el ingeniero José Pecero encabezó la instalación de red de electrificación y reparación de luminarias en los ejidos Verde Chico, Verde Grande y Benito Juárez, devolviendo servicios básicos a comunidades que durante años permanecieron en el abandono.
Estas localidades rurales forman parte del municipio de Soto la Marina, una región con más de 233 mil hectáreas de tenencia ejidal, con vocación agropecuaria, pesquera y turística —particularmente en el poblado de La Pesca—, pero donde persisten carencias estructurales en infraestructura básica.

La intervención consistió en la ampliación y rehabilitación de red eléctrica, así como en la reparación de lámparas públicas que permanecían inservibles. Para los habitantes, el impacto va más allá del alumbrado: representa seguridad, productividad y dignidad.
En voz de pobladores beneficiados, el agradecimiento es claro: “Aquí no queremos discursos, queremos resultados”. La frase resume el sentir de comunidades que consideran que, tras la jornada electoral, los actuales funcionarios municipales se alejaron de las necesidades reales del campo.
La acción encabezada por Pecero no solo atiende una demanda histórica, sino que coloca en evidencia la brecha entre el ejercicio del poder y la gestión efectiva. En zonas donde la actividad agrícola y ganadera depende de servicios básicos confiables, la electrificación no es un lujo político: es una condición mínima de desarrollo.
Mientras el gobierno en turno administra narrativa, en los ejidos la ciudadanía valora hechos concretos. Y en territorios donde la memoria social es larga, la diferencia entre prometer y cumplir suele medirse con luz propia.
















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