Tampico vive hoy su etapa más sucia en años. Calles atascadas de basura, parques enmontados, camellones abandonados y un servicio de recolección deficiente que ha colapsado ante la incapacidad operativa de la Secretaría de Servicios Públicos, encabezada por Ricardo Mora, funcionario que claramente ha sido rebasado por la realidad.
Ayer se confirmó la desaparición total del programa “Tampico Brilla”, al retirarse los últimos 800 de los 1,300 contenedores colocados en las colonias populares durante la administración anterior. Un programa que posicionó a Tampico como una de las ciudades más limpias del país y que incluso fue reconocido internacionalmente con tres galardones: Escoba de Oro, Plata y Platino.
Pero hoy, ese reconocimiento queda en el recuerdo. El actual gobierno municipal, encabezado por Mónica Villarreal Anaya, no solo desmanteló lo que funcionaba, sino que ni siquiera ha logrado garantizar la recolección de las más de 300 toneladas diarias de residuos que genera la ciudad.
Ricardo Mora justificó la medida alegando que los contenedores eran “un riesgo para la ciudadanía”, pero omitió mencionar que esa situación se derivó de la falta de mantenimiento y abandono durante su gestión. Su solución: regresar a la recolección “tradicional”, de casa en casa, con apenas 21 camiones recolectores, muchos de ellos en condiciones mecánicas cuestionables.
El resultado es visible: montones de basura regados por doquier, perros callejeros esparciendo desechos, y ciudadanos confundidos que, sin previo aviso ni información oficial, siguen dejando sus bolsas donde antes había contenedores. El foco de infección está servido, y Tampico, una ciudad que presumía limpieza, hoy parece un chiquero urbano.
¿Y la autoridad? Bien, gracias. Sin estrategia clara, sin control y sin rumbo.
















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