Capital de la dignidad

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Las palabras del Presidente AMLO en Guelatao, sin querer queriendo, me puso a pensar en Victoria, en mi ciudad, la ciudad que para unos fue de las cotorras, bicicletera, de las urracas, pero que siempre fue, así­ la conocí­, una ciudad limpia y amable. Como no recordar, por ejemplo, las palabras de Carlos Adrián Avilés cuando en su programa de Alegrí­a Matinal, hací­a alusión, incluso, del acto de tomar agua de La Peñita.

En fin, AMLO fue a Guelatao a conmemorar el 231 aniversario del natalicio de Benito Juárez y la llamo la “Capital de la Dignidad”, porque eso encarnaba el Benemérito de las Américas. Y ahí­ recordó que se “sin represión ni autoritarismo se puede gobernar en paz”. Juárez es ejemplo, la cuestión es que, año tras año, en eventos y ceremonias, se repite el mismo discurso y, de pronto, nos damos cuenta que no siguen su ejemplo. AMLO busca ser congruente.

DESTROZADA, ANIQUILADA, EN RUINAS.

Así­, con esas palabras, es como quizá se le pueda describir en pocas palabras a Ciudad Victoria, la capital tamaulipeca. Todo por culpa de varios factores, entre ellos, el que los polí­ticos que la han gobernado no lo hicieron con planes y programas a largo plazo; prefirieron, obvio, lo cercano, el relumbrón, obras que, pensaron, los enviara a la eternidad. No se preocuparon por resolver los problemas estructurales.

Por eso, hoy en dí­a, Victoria está destrozada: el problema del abasto del agua no tiene ni para cuando acabar, fue promesa de campaña de Xicoténcatl González Uresti y ahora son más las colonias y las zonas de la ciudad que no tienen agua y, si la tienen, es poca presión. En zonas residenciales, por ejemplo, aunque tengan tinacos no sirve, la presión es poca, que no llega… Y, eso, sin hablar de lo que sucede con los baches: están por todos lados, no hay opción, caes porque caes y claro, poco a poco, el daño al vehí­culo es irreversible.

AUTORITARISMO MUNICIPAL.

El esquema de gobierno así­ estaba formulado: el Presidente Municipal lo impone el gobernador (igual priista o panista) y tiene que responder a los intereses del mismo, no al del pueblo. Los alcaldes han llegado al cargo para rendir pleitesí­a al nepotismo, al compadrazgo, no para gobernar a favor del pueblo, a resolver los problemas que marcan e identifican el bienestar común, precisamente para contar con una capital de la dignidad… por eso, hoy muchos dicen, que era mejor la Victoria de antes.

El mejor ejemplo de lo que sucede con los gobernantes lo estamos viviendo en Victoria. Alejandro Montoya Lozano, directivo de la CANACO, lo hace notar: “Vemos que los planes que se tení­an para la Ciudad con el cambio de administración no solo se han detenido, sino que ha repercutido en el cierre de comercios, sin contar la ruptura y distanciamiento que se ha tenido de las autoridades municipales con las cámaras empresariales”.

GOBIERNO CHICHARRONERO.

¿Qué fue lo que sucedió? ¿Por qué se quejan los comerciantes y empresarios victorenses? Por una sencilla razón: el gobierno municipal anterior, de la mano del gobierno estatal, planearon convertir el 17 en una especie de zona rosa, con comercios y áreas de entretenimiento. De ahí­ las inversiones y remodelaciones que van del Paseo Méndez hasta el Estadio: para tal efecto, la iniciativa privada planeo establecer comercios… sin embargo, el nuevo gobierno, de esos que dicen, que solo sus chicharrones truenan para dejar su marca quiso hacer otro proyecto: la calle Hidalgo hasta el Mercado Arguelles, abandono el 17, es más, hasta clausuro el Libre 17 los domingos.

Entre presiones y más presiones, de hacer la calle Hidalgo peatonal de manera permanente, hasta luego solo los fines de semana, ya no se sabe que se hará. Precisamente porque da la impresión que el alcalde duerme, sueña un proyecto y al dí­a siguiente como que quiere hacerlo. No hay objetivos, no hay planes, y así­, ni los ciudadanos, ni los comerciantes o empresarios saben a qué tirarle: los dí­as pasan y se tiene la impresión que no hay gobierno municipal.

SERVIR O NO SERVIR.

Una de las caracterí­sticas del polí­tico actual, o de casi todos los tiempos, es que no son capaces de evidenciar la esencia de su naturaleza: la de servir. Y prefieren, en todo caso, servirse. Y es que, parte del subdesarrollo polí­tico, es considerar que el gobierno es un botí­n polí­tico y, a partir de esa concepción, están convencidos de que esa es la mí­a para resolver su problema económico y, además, “ayudar” a su familia, amigos y compadres, dejando, incluso, a un lado el perfil de puesto: no les importa la experiencia, la capacidad, solo la lealtad o complicidad… Así­, difí­cil, complicado, que Victoria algún dí­a sea una Capital Digna.

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