Neoliberalismo electoral.

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Una y otra vez, lo hemos dicho: México vive un subdesarrollo polí­tico, no hay desarrollo y quizá, de pronto, si hay retrocesos. Y en la cuestión electoral no hay la menor duda: se vive un sistema electoral que, quiérase o no, contiene precisamente esas caracterí­sticas del subdesarrollo. Incluso, hace dí­as, conversando con un experto concluimos: hay una especie de neoliberalismo electoral, porque de pronto los órganos electorales, sobre todo, el tribunal cumplen la máxima de “dejar hacer, dejar pasar”. Así­ de simple.

La confomación de sistema de partidos, el origen y evolución de los órganos electorales, están articulados para que así­ suceda: seguir beneficiando, privilegiando, a quienes en última instancia tienen el poder: el pueblo, de antes y de ahora, solo tienen oportunidad de legitimar con su voto lo que otros ya decidieron. Ese es, quiérase o no, el poder del voto en México. Quien gobierna tiene la oportunidad de hacer y deshacer.

REHENES DE LOS PARTIDOS POLíTICOS.

Los partidos desde que tuvieron el monopolio de las candidaturas hicieron de las suyas: hacen y deshacen las reglas para la obtención y el ejercicio del poder. Un grupo domina a cada partido; y el partido, en las Cámaras, son los que deciden en “Comisiones” el rumbo del trabajo legislativo; y, obvio, ahí­ es donde se forjan las reglas para la lucha por el poder polí­tico. Y siempre, desde Lázaro Cárdenas, quien tiene el poder Ejecutivo, es quien lleva mano: los otros se subordinan, cooperan dicen otros.

La sociedad ha sido rehén de los partidos polí­ticos. Los partidos (los independientes no han funcionado) son quienes forjan una agenda legislativa; y esta, siempre, es a modo del Poder Ejecutivo. Y los hechos solo confirman una realidad incuestionable: senadores y diputados de MORENA, en la práctica, solo atienden indicaciones del Presidente AMLO… le echan porras y no son, por nada del mundo, un contrapeso. Dejan hacer, dejar pasar, lo que venga del Ejecutivo.

LOS í“RGANOS ELECTORALES.

Nacieron con defectos congénitos: se les atribuyo, desde un principio, un origen ciudadano y en la práctica nacieron y se integraron según los intereses de cada partido: no fueron, pues, ciudadanos libres, si no que respondí­an a las cuotas de poder de cada partidos. Así­ es como, Consejeros del IFE-INE o Magistrados del Tribunal, nacieron con el sello o fierro de un partido polí­tico. Tan simple como fue evolucionando la forma de reclutamiento, de unos y otros.

Primero a propuestas de los partidos polí­ticos, luego por convocatoria abierta; pero, al final, en la elección de quienes serán nombrados, vuelve a aparecer la cuota según las recomendaciones que hacen los partidos polí­ticos. Y, ya en funciones, tanto consejeros como magistrados, es donde muestran un rumbo en sus votaciones, en sus decisiones. Lo vimos en las últimas decisiones del tribunal electoral: caso la elección de Puebla y la elección de Monterrey… donde, teniendo dictamen en un sentido en último momento se da un giro: los magistrados, vaya pues, también hacen polí­tica.

NEOLIBERALISMO ELECTORAL EN TAMAULIPAS.

El mejor ejemplo del neoliberalismo electoral fue Tamaulipas en la última elección local. Hicieron cumplir la sentencia del liberalismo: dejar hacer, dejar pasar. Todo tiene un principio: Marcia Robles fue golpeada mediáticamente para hacerla abandonar la Presidencia; y, da la impresión, todos entendieron el mensaje: por eso las sentencias fueron un compendio de malabarismo técnico jurí­dico para justificar y validar hechos que, a todas luces, rompieron con las normas de la democracia.

Basta ver lo que sucedió con los dos últimos magistrados que fueron electos por el Senado. De entrada, los dos llegaron –según se supo en su momento-, por sendos padrinos en el Senado: Edgar Danés Rojas –aunque tiene antecedentes priistas- fue propuesto por Américo Villarreal Anaya, es decir, trae el fierro de los morenistas.

RETO DE LOS MAGISTRADOS ELECTORALES.

Al momento de hacer sus ponencias, se entiende, lo deben hacer bajo la dirección de las disposiciones de la legislación electoral como de la doctrina de la democracia. Pero, obvio, si no quiere sufrir, como en su momento le sucedió a Marcia, su conciencia puede tener un desvió y, sea por recomendaciones o por decisión propia, le pueden dar a sus ponencias un sentido polí­tico encubierto por teorí­as, técnicas argumentativa, de tal suerte que se favorece a uno u otro partido polí­tico. Así­, con malabarismos de técnica argumentativa o jurí­dica, dejan hacer, dejan pasar: y si son culpables, la sanción es amonestación pública o pago de multas.

 

 

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