Carece de fundamento el rumor de que por instrucciones de Palacio, el canciller Marcelo Ebrard exigirá disculpas al Kremlin por la descortesía asestada a los herederos del trono de Moctezuma.
A Federico Acosta y a María Fernanda Olivera, decimocuarta generación de la realeza azteca, nunca se les impidió el ingreso a la ceremonia en la catedral de San Isaac por la sencilla razón de que no fueron requeridos.
Las dinastías del orbe no reconocen más descendencia imperial mexicana que la de Maximiliano, aunque en el gran cenáculo de Bruselas se debate la legitimidad del linaje de Iturbide.
Así que nadie en su sano juicio esperaba a los herederos de Quetzalcóatl en la ceremonia en la que el legítimo aspirante al trono de los zares, el mofletudo gran duque de Rusia Jorge Mikhailovich Romanov y la otoñal Rebecca Bettarini, formalizaron su noviazgo en la señorial catedral de San Petersburgo el pasado primero de octubre.















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