92 años: el PRI y su testamento político

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A sus 92 años,  el PRI  es un anciano convulsionado por sus antiguas glorias, pero sobre todo por sus pesadillas.

Hablemos del PRI  y la mayor parte de sus gubernaturas que pronto pasarán a poder de MORENA.   De ese  PRI  moribundo que salvo Coahuila, camina rumbo al basurero de la historia. De ese PRI, me gustaría destacar la creación del IMSS en 1943, (Manuel Avila Camacho) y del ISSSTE 1960, (Adolfo López Mateos). La CFE, PEMEX.

Pero también el asesinato de líderes campesinos como Rubén Jaramillo, la masacre estudiantil de 1968, la represión del movimiento médico y magisterial.

De mandíbula poderosa, y un rostro cuadrado y duro,  de rasgos militares, así conocemos los mexicanos al fundador del PRI, Plutarco Elías Calles. Aunque provenía de familia  de buen nivel económico, devino en  pobreza. Por esa circunstancia, aquel personaje bautizado por la posteridad como el Jefe Máximo de la Revolución,  en su juventud fue desde cantinero, hasta administrador de hoteles. Ese fue, Francisco Plutarco Elías Campuzano, conocido en la historia, como Plutarco Elías  Calles.

El maximato callista, abarca  seis años, de 1928, año en que ocurre el asesinato de Obregón, hasta 1934, cuando Calles  se equivoca con el General Cárdenas y lo elige como  su cuarta imposición  en el orden, creyendo que podría manipularlo al igual que a  Emilio  Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio, (el “nopalito”) y Abelardo Rodríguez.

Justo un año después de inaugurar la llamada Era de las  Instituciones, considerada como una estrategia de Calles para mantenerse como el poder real, tras la silla Presidencial, nace el llamado Partido nacional Revolucionario, PNR.  Fue así como los genes del PRI nacieron desde el poder, y no para tomar el poder. Fue  un partido que nació desde la alcoba presidencial. Ha sido institucional, y de verdad, le ha salido mucho a deber su segundo apellido de  revolucionario.

Dicha organización,  no fue otra cosa que un partido parcelario, donde cada  jefe militar postrevolucionario sentaba sus reales. La república estaba administrada en feudos. Esa era la fórmula callista, para aquietar a la gallera de aquellos hombres que hasta ese momento, gustaban de dirimir el poder, no con discursos, sino a balazos.

En 1934 iniciaría la etapa del presidencialismo, con el General Lázaro Cárdenas  del Río, era un militar perteneciente al bando de los carrancistas  y obregonistas que habían ganado la revolución, ordenando los asesinatos de  Zapata, (1919)  y  Villa, (1923), los dos caudillos que le habían otorgado a la revolución mexicana, su carácter popular.

La revolución mexicana fue ganada por el carrancismo, sinónimo de corrupción,  y que después  heredaría para la historia el término “carrancear” o sea robar dinero desde el poder público. No es extraño que, posteriormente, los sonorenses protagonistas  del Plan de Agua Prieta, y que derrocan y asesinan a Carranza, heredaran los mismos genes. En esa  cuna de ambiciones por el poder y la riqueza, tiene sus orígenes el PRI  callista.

Una excepción  fue el  General Cárdenas, mismo que le imprime un perfil humanista a las nacientes instituciones emanadas de la sangrienta guerra civil.

Admirador de Zapata, en su ideario de gobierno, ejerce un tutelaje paternalista sobre el campesinado. Y construye un vigoroso movimiento obrero de carácter nacionalista, cuya culminación es la expropiación de las empresas petroleras  trasnacionales.

La primera gran elección de la democracia mexicana, y que tuvo señalamientos de fraude y de imposición, fue justamente  la sucesión de Cárdenas a favor de Manuel Avila Camacho.

Posteriormente llegaría  el llamado Cachorro de la revolución, Miguel  Alemán Valdéz, el primer Presidente  civil, con el que se rompe la tradición de los Generales en la Presidencia. Alemán resultó muy hábil para los negocios personales.

Arribó al poder, después de  destacarse como un gran fraccionador  de terrenos y contratista. En la ciudad de México, algunos de los barrios residenciales más famosos,  como Polanco, ciudad satélite y una parte de  Chapultepec, fueron fraccionados y comercializados por este astuto político veracruzano.

El llamado modelo  estabilizador de los Presidentes  Adolfo Ruiz Cortinez y Adolfo López  Mateos, y que alcanzó hasta Gustavo Díaz Ordáz, aunque este último es de triste memoria por  la represión sangrienta de 1968, evidenció al final, la prolongación de una política económica, que si bien es cierto llevó cierta bonanza al campo mexicano, culminó con  un ayuno de apertura política y de intolerancia.

Posteriormente  la ley del péndulo político, nos traería los sexenios de Echeverría  y de López Portillo, donde el modelo keynesiano del Estado proteccionista mexicano se agota entre espasmos de demagogia y de corrupción. Así resurge el neoliberalismo con De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto,  donde se arriba a la etapa de máximo decadentismo socia: corrupción galopante, abusos de poder y el brutal enriquecimiento de las élites.

El Gobierno de Carlos Salinas le abre la puerta al PAN y el  gran creador del PRIANATO,  a finales  de la década de los ochenta. Son  las mismas fuerzas políticas aliadas, que hoy  se están jugando su permanencia en el escenario  del próximo 6 de junio.

El gobierno de Andrés Manuel López  Obrador parece recoger una parte de esa  tendencia de recuperar al Estado  mexicano, como el Ogro filántropico descrito por Octavio  Paz.

 Aunque  este es un ogro morenista, que se hace llamar la 4T, y que está  constituido de  contrapesos. Los priistas  y los puros. En esas dos vertientes se ubican las aspiraciones presidenciales de los dos grandes contendientes  del 2024:  Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard.

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