Voto por el agua en la capital

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En voto del seis de  junio en la capital Victoria, será el voto por el agua. La sed empieza a causar desesperación y, para el verano, hará crisis.

Aquel candidato y partido que levante las mejores expectativas de solución, será el que gane el carro completo: Alcaldía, dos diputaciones locales y la federal.

Es un problema que viene de algunos años, sin que las autoridades tengan la voluntad política de darle solución, como veremos a continuación.

“Voy a construir el  acuaférico y la segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria, en  la capital del Estado”, gritó desde Reynosa el entonces candidato a la Presidencia de México, Enrique Peña  Nieto.

Aquel 18 de junio de 2012 se encontraba ante una multitud que los observadores calcularon en 30 mil almas, el evento  político  más numeroso en la historia de Tamaulipas (se le acerca un cumpleaños del líder de la sección 30 del SNTE, Arnulfo Rodríguez Treviño, en terrenos de la feria de la capital).

Peña ganó las elecciones y puso manos a la obra en menos de lo que canta un gallo. El 9 de mayo del 2013 el  jefe de la Conagua, David Korenfeld, firmó el convenio de construcción con el  Gobernador Egidio Torre Cantú.

Programaron dos obras que aliviarían la sed de los victorenses: Línea dos  del acueducto de 55 kilómetros y 36 pulgadas de diámetro para generar mil litros por segundo, tres plantas de rebombeo y una potabilizadora completa, y el acuaférico de 25 kilómetros con la misma capacidad.

El gobierno estatal se comprometió a obtener los derechos del agua (como los consiguió el  alcalde Alejandro Etienne Llano), compra de tierras, ocupación de zonas federales, estudios de impacto ambiental y a “sacar en  paz cualquier problemática social que se suscite con motivo de la ejecución de las obras”.

Avanzó el tiempo pero los trabajos de la segunda línea no empezaban.

Por eso el 29 de enero del 2016, el diputado petista Arcenio Ortega Lozano subió al Congreso del Estado punto de acuerdo para exhortar al Presidente Peña y al Gobernador Torre a que ejecutaran de inmediato las obras.

La iniciativa estuvo en la congelada por casi dos años, hasta que el  29 de noviembre del 2017, ya en el  gobierno de los vientos del cambio, teniendo como pastor del Congreso a Carlos García González, emitieron dictamen negativo o sin materia.

Liderada por Jesús María “El Chuma” Moreno, la Comisión de Gobernación  dijo que no se necesitábamos un nuevo acueducto.

Mayor sorpresa fue que los dictaminadores hicieron alusión a un modificatorio al acuerdo inicial, fechado el 16 de agosto del 2017, firmado por los  jefes de la Comisión del  Agua y el Gobernador Francisco García Cabeza de Vaca en que establecieron:

“La segunda línea del acueducto Guadalupe Victoria, se considera que resulta innecesaria toda vez que la misma proyecta una capacidad de conducción de 1 metro cúbico por segundo (1 m3/s), que iguala al gasto que requiere la Capital del Estado, y que en la actualidad ya es suministrado por el Acueducto existente”.

Nuestros funcionarios, cuya punta de sector es Javier Pinto Covarrubias, perdieron la oportunidad de quedar bien con los capitalinos.

El 14 de diciembre del 2016 Don Javi, mentiroso como él solo, salió a decir a los victorenses a través de  la prensa: “En estos momentos no es necesaria la construcción de la segunda línea del acueducto, ya que con la primera línea que bombea 950 litros por segundo resulta suficiente para abastecer de agua a la capital”.

Dejaron ir, directamente para el acueducto, una inversión de 500 millones de pesos, ejercicio 2017, más otros 220 para el 2018 aprobados ya por el  Congreso Federal, y prefirieron 153 millones para darle mantenimiento a la vieja conducción que realizó el Gobernador Américo Villarreal Guerra.

En total el  PEF palomeó para los proyectos mil 23 millones, incluyendo los 306 que canalizaron antes del  2017 para el acuaférico que es un “elefante blanco”.

Los funcionarios estatales tomaron camino por vereda: En lugar de la gran  obra aceptaron reponer 1.5 kilómetros de tubería de la obra antigua, más rehabilitar el  cableado de estaciones de rebombeo y la potabilizadora.

La “ideota” de Pinto y compañía es que obligarían a las Comapas a reparar las fugas, considerando que aproximadamente el  50 por ciento del abasto se tira, y que harían reparación de tuberías en el  primer cuadro de la capital.

Sobre esto último, aplicaron un “mejoralito” para un  paciente en terapia intensiva: Ciudad Victoria cuenta con 140 mil tomas domiciliarias y el gobierno apenas repuso 250 de las calles del centro.

Su “éxito” fue que hallaron más tomas clandestinas, hasta 400, de las que mejoraron con nuevas tuberías.

Nada funcionará y menos con titulares apáticos como los gerentes de Comapa, Román Castillo Airola y Pinto Covarrubias, burócratas de  medio pelo que no están a la altura de la circunstancias.

El acuaférico no funciona porque esperan que la federación les construya un tanque de 500 mil litros. La sectorización tampoco porque no compraron el equipo que necesita.

Tema aparte, en Nuevo Laredo el alcalde Enrique Rivas Cuéllar está haciendo del proceso electoral una elección de Estado al destinar recursos a los virtuales candidatos de su partido, el PAN, y coaccionar a los empleados municipales a hacer campaña. Será denunciado ante la Fiscalía por la diputada Carmen Lilia Canturosas Villarreal.

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