Creer o no creer… dilema

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La primera palabra del título de hoy, puede entenderse como certeza, probabilidad de existencia en algo o alguien. La creencia existe porque puedes ver, oír, palpar u oler… confiar, como que al otro extremo del mundo hay millones de chinos, aunque quizá nunca puedas estar en esas latitudes.

La duda es la que acompaña el resto del título en esta columna “…no creer…” porque la incredulidad es el antónimo y una persona al entrar en ese conflicto llega a su dilema por lo que deba aceptar.

Por otro lado, la construcción de la red de redes, Internet, ha facilitado el flujo y reflujo de muchísima información, al grado que durante un buen tiempo a esta forma de comunicación se le denominó la autopista, la súper carretera de la información.

Actualmente las redes sociales han ganado mucho espacio por la dispersión de ‘sitios’ diversos que, partiendo de la comunicación puede dividirse en cierta o falsa.

El tema es tan delicado que al popularizarse en las grandes redes de información colectiva se entienden que pueden construir o destruir.

En las escuelas o equipos deportivos o culturales se ha identificado la inducción al suicidio individual o colectivo, como algunas ideologías hasta absurdas relacionadas con religión.

Lamentable pero real, en la misma política de todos los países, los publicistas, los responsables de la imagen institucional o de personas, han utilizado las redes sociales para construir, engañar o destruir.

Existe la teoría sobre el vandalismo a la Casa Blanca en Washington, que asegura alguna información ¿oficial?, se utilizaron plataformas de internet para dar como cierta una red de pedofilia entre los demócratas.

En el mismo tema se leyó que entre otros lugares fue identificada una pizzería en las cercanías a la Casa Blanca. Las investigaciones del FBI llegaron a la conclusión de que eran mentiras. El mal estaba hecho.

Las verdades o mentiras que nacen en el Palacio Nacional de México, que con mucha facilidad se diseminan por las redes sociales, como Twitter, Facebook, WhatsApp, Instagram, etc., etc., que tienen como objetivo formar o deformar una imagen y que, en un sentido u otro, obedece a intereses concretos, como lo que se vivió en la experiencia con Frente Nacional Anti AMLO (FRENAA), la forma que llegó, estuvo y fue expulsada de la explanada del Zócalo.

En Tamaulipas no ha sido la excepción, puesto que ayer mismo en este espacio se hizo pública denuncia del ‘control’ que pretenden dirigentes sindicales de los Jubilados del CBTyS, de la Sección 30 del SNTE, al ‘piratearse’ agremiados a otros grupos de ex trabajadores de la educación, so pretexto del Bono Anual que incomprensiblemente no ha pagado Educación de Tamaulipas, área del tocayo Mario Gómez Monroy.

En el tema de la gran elección del próximo primer domingo de junio de este pandémico 2021, se vivirá el drama de lo$ dueño$ de lo$ partido$ político$ con registro en el Instituto Nacional Electoral (INE), con varios objetivos: mantener el registro, el triunfo de sus candidatos y en consecuencia continuar con el poder.  Grande o pequeño, pero al fin poder.

En esta temática las redes sociales también juegan y lo hacen con toda la tecnología y presupuesto a su alcance, publicando verdades o mentiras que permitan que sus candidatos ese ‘placeo’ esa exhibición electoral.

Será lo mismo que una o varias voces hablen de infidelidades, robos, saqueo, fichas policiales, dinero mal habido, riqueza inexplicable, nexos con la delincuencia organizada… pero también a la inversa, hijo, padre, esposo modelo, hogareño, excelente escolar y preparación académica, activista, ecologista, miembro de clubes y centros altruistas, etc.

El dilema es que pese a saber y conocer sobre las técnicas electorales conocidas, la réplica, el reenvío de información sin verificar y, menos aún, medir las consecuencias, el mismo mensaje se retrasmite cientos, miles de veces y ¿A quién creer o deja de creer?

Insisto, como lo he planteado en otras ocasiones, el abstencionismo de alimentado por las redes sociales, provoca hasta el hastío a los votantes que terminan por no votar.

 

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