¿Qué ocurre con la silla tamaulipeca?

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El analista Carlos F Salinas Dominguez escribió hace 34 años, (1986), un libro cuyo título es “La Esquina del Poder”, una obra que hasta la fecha sigue marcando agenda, en lo que se refiere a las características de la clase política en nuestro estado. Y especialmente en sus gobernadores. 

Esta obra del analista político y escritor neolaredense se dio a finales del sexenio de Emilio Martínez Manautou, que en su momento fue duramente criticado por su abulia, con que gobernó o mal gobernó a Tamaulipas. 

Recuerdo al respecto uno de los números de la revista Proceso, que más virulentamente le han dedicado la nota principal de su portada a un gobernante tamaulipeco en el ejercicio del poder. No recuerdo con exactitud, el título, pero empezaba diciendo: “Arda Tamaulipas o Arda Bayona”, hablando de que a Martínez Manaoutou le valía sorbete lo que ocurriese en la entidad. No es textual, pero ese más o menos era el sentido de la denuncia. 

Ahora con la portada del reciente número de Proceso, su contundencia, me hizo recordar los tiempos del doctor Emilio. Tuvo que pasar casi medio siglo, para que volviese a ocurrir algo parecido. 

 En febrero de 1987, llegó al poder el ingeniero Américo Villarreal Guerra,(quien desempeñaba el cargo de senador de la república), el autor de esta columna ya ejercía el trabajo de reportero de la fuente política. Fue una espera cardiaca en los patios del PRI estatal, pues por la mañana de ese día habían surgido fuertes rumores de que el bueno para la gubernatura era Manuel, “el Meme” Garza González. 

Pero finalmente se impuso Américo, mismo que ya desde que fue hecho senador, había enviado señales muy poderosas, pues se dice que desde aquí de Tamaulipas, le habían enviado en su momento al Presidente Miguel de la Madrid, una terna, donde no se encontraba AVG, pero el mismo Presidente lo incluyó de su puño y letra el nombre del ingeniero tamaulipeco, mismo que de esa forma, ingresó a las alturas del poder político, con el pie de derecho. Tal y como ocurrió con su hijo Américo Villarreal Anaya en el 2018, cuando AMLO lo eligió entre una lista de propuestas para el senado. 

 El sexenio de Villarreal Guerra fue aceptable, en términos de desarrollo social, aunque en lo político tuvo desde temprana edad de su sexenio, la poderosa influencia y contrapeso de Manuel Cavazos Lerma, el cual ya desde su llegada, el Presidente Carlos Salinas de Gortari, lo envío como encargado del Programa Solidaridad en Tamaulipas.    

 Cavazos Lerma es un hombre de mucha lectura. Está preparado. Y cuando llegó a gobernar, su relación con la prensa no era muy buena. En lo personal tuve la oportunidad de ofrecerle una cena en mi modesta casa. Recuerdo que éramos varios amigos periodistas. Cavazos llegó ya muy noche. Departimos con él, y no quiso carne asada, solo le gustó mucho la salsa molcajeteada y las tostadas. 

 Posteriormente ya como gobernador lo seguí tratando. Una vez me concedió una entrevista exclusiva en Palacio de Gobierno. En cierta ocasión, me hizo un comentario, sobre el gobernador Socrates Rizzo, dando a entender que era un poco tonto, tal vez con palabras más resonantes. Cavazos era de carácter fuerte. Pero mostraba que sí se había preparado para gobernar.  

 Sin embargo, en la sucesión pareciera que se decantó por Antonio Sánchez Gochicoa. Incluso, al parecer lo invitó a colaborar en su sexenio, pero el tecnócrata tampiqueño, declinó la invitación, y prefirió seguir en las alturas de la administración pública federal, donde si mal no recuerdo tenía el cargo de Subsecretario en temas de carácter económico-financiero. Lo que Gochicoa no fue capaz de ver, era que a partir de ahí, la sucesión se definiría por razones locales. 

 Posteriormente, la liebre de la gubernatura se la llevó Tomás Yarrington Ruvalcaba, cuyo gobierno empezó en 1999. Tomás hizo una campaña muy abierta y vistosa. Recuerdo pasajes importantes de ella, pues tuve la fortuna de participar de una manera importante en su reseña. Me encargó la crónica y se hizo un libro. Uno de los pasajes que aun recuerdo, fue aquel, donde Yarringtón citó a los lideres de la UAT y a su rector Humberto Filizola, en el restaurante El Quijote, ubicado sobre la calle Carrera Torres de esta capital. Por la mañana se llevó a cabo la encerrona con los uateños. Uno de los líderes más arrojados, era Alfonso Pérez Vázquez, “El Yuca”, mismo que le preguntó a Tomás, que que se decía de la UAT entre los ciudadanos. Yarringtón contestó con un gesto de ironía: y le dijo algo así como: “upps, si yo te contara”. 

  Escribí la crónica de la reunión con los de la UAT, y al día siguiente, cuando el candidato acababa de terminar un acto en Reynosa, Tomás me mandó llamar al autobús de la campaña, y me dijo, palabras más o menos: 

—-No les des tanta importancia a  los de la UAT en tu reseña. 

Yo le dije que, por tratarse de la máxima institución educativa del estado, había juzgado prudente destacarlo. Tomás me dijo que una cosa era la UAT como institución y otra cosa ellos. Y remató de manera contundente: 

—-Ya viste el lugar donde los reuní? Con eso les estoy diciendo todo. 

 Eugenio Hernández llegó al poder sexenal en 2005. Gobernante con carisma. Llegó al primer cargo político, contra los pronósticos de quienes se habían ganchado con el proyecto del abogado Homero Díaz Rodríguez. 

 En ninguna parte de su sexenio tuvo problemas, sino hasta el final, cuando el Presidente Felipe Calderón provoca el enfrentamiento de los grupos delincuenciales. El magnicidio de Rodolfo Torre, fue un duro golpe a la parte medular del priismo tamaulipeco. Posteriormente la llegada del contratista Egidio Torre Cantú, marcó lo que sería el final de una era priista, que ya en la era de Egidio, solo conservaba los colores priistas, pero en la práctica, era total y absolutamente del PAN. O sea, el PAN en Tamaulipas, llegó en los hechos, un sexenio antes del cabecismo. 

 Tal vez por eso, ahora, es mayor el desgaste. 

  Una constante en el poder político de Tamaulipas, sobre todo en el último medio siglo, ha sido la opacidad y la ostentación de grandes recursos económicos, de origen no siempre claro. El uso y abuso patrimonialista que se la ha dado al poder. 

 De ahí que la llamada esquina del Poder, o primera esquina, como le llamó Carlos F Salinas, siga siendo una especie de espacio encantado. O un objeto donde sigue imperando el maleficio de los excesos. 

 ¿Que ocurre con la silla tamaulipeca? Tiene un conjuro, o algo parecido, como lo acaban de publicar en una editorial nacional? 

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