Circunloquio

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El título de hoy se interpreta como la figura retórica que utilizamos para expresar, mediante un breve rodeo lo que puede decirse de forma más directa. Es decir, utilizamos más palabras de las necesarias para expresar una idea o concepto.

En ocasiones el circunloquio se emplea para evitar una expresión demasiado común o estereotipada y en la comunicación para evitar vacíos léxicos en otros idiomas por intraducibles, aunque también pudieran ser indeseables.

Aclarado el título, me parece que es correcto en el tema. Empiezo diciéndole que nunca me he significado copiar y pegar en mis columnas. Leo, interpreto, razono y escribo lo que pienso -ocasionalmente cito, para fundamentar la idea-, por lo que hoy, certifico que el texto entrecomillado pertenece a un autor anónimo.

La razón de compartir con ustedes esta reflexión, es porque quien lo publica, es una persona de mucha valía profesional, familiar y humana. En el ejercicio laboral ha sido ejemplo de constancia, presencia e iniciativa.

Mantengo en anonimato su nombre, porque no solicité autorización para publicarlo, pero, sobre todo, porque la mayoría somos prejuiciosos y hasta cierto punto mordaces con los demás.

El leer lo que comparto con usted, trajo a mi memoria un monólogo de la actriz mexicana, Suzanne Ellen Rose Alexander-Katz y Kaufmann, mejor conocida como Susana Alexander, donde representa a una enferma terminal que comparte en la narración sus dolores, miedos, desgarres anímicos y físicos que le produce la enfermedad.

A diario, a la misma hora, llega la enfermera con una sonrisa preguntando “cómo amaneció hoy… cómo se siente la enfermita hoy…verdad que se va a portar muy bien…”

El texto, insisto no es propio, y desconozco si lo publica mi amigo que padece un cáncer de páncreas desde hace tiempo y sigue luchando por vencerlo, con altibajos, con miedo, con zozobra, pero con la esperanza de que lo supere.

“Años… sufriendo dolores, y una cantidad de cambios en mí, sin razón o motivo aparente… hasta que llega el momento que te dicen qué tienes… Hay dos sentimientos: el que te genera el saber, por fin qué tienes, y el de ahora cómo lo enfrento.

Algo es seguro: ¡Todos los días representa una batalla ganada!

La falta de ánimo, el querer estar acostado, la toma frecuente de medicamentos… en fin, una farmacia entera sobre la mesita de noche. Por si fuera poco… los miles de comentarios, ¿por qué has engordado así?

Tampoco falta el comentario ‘ese pelo lo tienes horrible… se te está cayendo… tanto cabello que tenías. ¿Y ésas manchas? tan bien que se veía tu cara, ¿qué te pasó?… No les engaño, todo esto es cierto y por eso lo comparto ¡Las enfermedades silenciosas e invisibles sí existen!

Cuando tienes una enfermedad invisible, es difícil luchar con la gente ignorante. No lo entienden lo que ven… algunos llegan a comprender hasta que lo viven, directa o a través de familia muy cercana. ¡La vida da muchas vueltas!

Estoy cansado de que me digan ¿Fuiste al médico… Probaste esto…? ¿Ya te dieron aquello… dicen es muy bueno…? ¡Sí!, ¡Sí! ¡Sí! ¡ya probé y sigo probando de todo! Los médicos dicen que esta enfermedad es para siempre. Que no voy a sanar. Sin embargo, no me voy a dar por vencido, quiero hacerlo por mí, por mi familia, no por los demás.

Ya sé que una siesta no me curará, pero sí me ayuda mucho. Pero… a muchos no les gusta que los enfermos durmamos tanto. No soy perezoso, mi explicación es que tomo medicamentos y ello me provoca mucho sueño todo el día. Lucho con el dolor, con los problemas de movilidad, con la fatiga, el cansancio extremo y aparte, las críticas sanas de mi entorno a diario.

Quizá la parte más frustrante es que la gente me mira y dice: «No puede ser tan malo; te ves bien», a pesar del hecho de que mi cuerpo está experimentando un dolor insoportable por todas partes. Claro que me ven bien, intento verme bien siempre, pero deben saber que padezco una enfermedad #Invisible.

Me disculpo si no voy a eventos sociales o familiares, que me encantaría asistir, aunque quizá algún día entiendas mis luchas diarias. Esta enfermedad me afecta en tres círculos: física, mental y emocionalmente.

Piensa por favor que necesito tu apoyo, no tu juicio. Si caigo, no pienses que necesito me levantes, quizá lo que requiero es que te tires al suelo conmigo hasta que yo tenga fuerzas, ganas y ánimo para seguir adelante, levantarme y continuar.

He aprendido que las enfermedades raras, autoinmunes, no se ven. ¡Ha! pero cómo se viven, cómo se sienten. Y están ahí, atacando silenciosa, pero extra, súper dolorosamente.

Honor a alguien que está luchando contra esa larga lista de enfermedades que nos aquejan: Hipotiroidismo e hipertiroidismo, Psoriasis, Síndrome de ovario poliquistico.

Artritis reumatoide, Endometrosis, Esclerosis múltiple, Hipertensión Pulmonar, Síndrome de fatiga crónica, Diabetes, ansiedad y depresión, lupus, Neuralgia del trigémino, Síndrome de Sjogren, CUC, Epilepsia o cualquier otra enfermedad que no se ve.

¡En apoyo a un amigo, a un familiar, que lucha por su enfermedad!”

Finalmente, piense para usted el mensaje. A veces ayudamos más a una persona con un disimulado silencio, que con palabras ‘aparentemente de alivio y consuelo’ que en ocasiones saben más a enojo, que a ‘mejoralito’.

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