Mensaje de las urnas al PAN:No a la soberbia

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Fundado en las primeras décadas del siglo XX, (1939) como una respuesta a las políticas del Estado cardenista, el Partido Acción Nacional, no ha sido ajeno al proceso de descomposición y desgaste que actualmente provoca fuertes estragos en la partidocracia mexicana. 

 Acción Nacional no es un partido joven, pues es apenas diez años menor que el abuelo del PRI, (PNR) de los tiempos callistas. Desde su nacimiento, crecimiento y plenitud, ha atravesado tanto por tiempos de vacas flacas, como de vacas gordas. 

 Es decir, desde aquellos años en que el PRI ejercía un poder monolítico en el país, hasta la era neoliberal, cuando Carlos Salinas comparte con ellos el poder, a través de la primera gubernatura, encabezada por Ernesto Ruffo Appel en Baja California. 

 Ya desde ese tiempo, el PAN como partido de derecha, experimenta un boom clientelar y militante, registrando el arribo de nuevos grupos de jóvenes, con mentalidad abierta a los cambios y al vigoroso desarrollo del mercado global. 

 Se trataba indudablemente de una clase política emergente, cuya principal característica, ya no era el credo ideológico de Manuel Gómez Morín y otros de sus fundadores, sino más bien, una generación forjada en los escenarios de los negocios millonarios, y el pragmatismo, a ultranza. 

La divisa del PAN habían dejado de ser los escrúpulos morales e ideológicos. Ahora su conservadurismo se había subido la falda arriba de la rodilla. Se había embadurnado de carmín los labios, y se mostraba dispuesto a deleitarse con el poder, a cualquier precio. 

 A partir de esta filosofía y este modo de actuar, el PAN crece vertiginosamente. Tal vez, quien mejor resume la nueva personalidad de la derecha política en nuestro país, es justamente el candidato a la Presidencia Manuel J Clouthier. 

 El empresario sinaloense que después fallecería en un sospechoso accidente, declaró ante los medios de comunicación, lo siguiente: “El PRI nos robó el programa y nuestra plataforma”. 

 Maquío se refería a que el PRI salinista les había arrebatado a ellos, los panistas, las doctrinas de la derecha neoliberal y las teorías de moda, en torno a la apertura de los mercados , y cosas por el estilo. En suma, el PAN había llegado tarde a su cita con la historia, pues el camaleonico PRI, cerraba el siglo XX, convertido en un poderoso partido de derecha. 

 Maquío perdió ante Salinas. Pero la simbiosis de la derecha en México, ya era irreversible. Dos décadas después el PAN llegó a la Presidencia de la República, y repitió seis años más, hasta 2012, en perfecta armonía con un PRI que más que oposición, se había convertido en el socio estelar de un bipartidismo, con pretensiones de eternizarse, al estilo gringo.  

 Doce años de panismo y seis más de priismo, generaron una nueva clase política, que hoy se conoce como el prianato. Esos 18 años, de complicidad del PAN con el PRI,  provocaron el hartazgo ciudadano que hoy se hace presente, con el arribo de MORENA. 

 Pero…¿Por qué en las recientes elecciones de Coahuila e Hidalgo, el PAN se ha ido a la tercera fuerza política? ¿Cuál es la explicación? 

   La primera, es que, en esos casos específicos, existe una tradición político-partidista de Centro– izquierda. Por lo tanto, el día en que, dichos estados dejen de ser priistas, lo más probable, es que la alternancia llegue por el lado de MORENA. Y prueba de ello, es que, el color magenta, es ya la segunda fuerza. 

 Existen otros indicadores de peso, que son suficientes como para preocupar profundamente al PAN. 1).—La detención de Genaro García Luna, elemento emblemático de la corrupción y de la fallida guerra contra el narco, en el sexenio calderonista. 

2.-Pero ante todo, la absoluta falta de resultados por parte de sus gobernadores, especialmente los que surgieron de la elección 2016, permitiéndole al PAN convertirse en gobierno de el mayor número de mexicanos, en toda su historia. 

 Lamentablemente estos gobernadores se alejaron de los ciudadanos. La votación de treinta millones de mexicanos, a favor de Andrés Manuel López Obrador, incluyendo zonas de la región norteña, que antaño eran consideradas un bastión del PAN, confirmaron el desgaste de estos micro imperios políticos, en tan solo dos años. 

 Los responsables principales de que esto sucediese, no fue ni el candidato Anaya, ni los candidatos a cargos de elección popular, más bien, tuvo su origen en las erráticas políticas públicas de los gobiernos estatales azules, mismos que llenos de soberbia y egocentrismo, no se preocuparon por resolver los problemas de la ciudadanía. Sino por enriquecerse a costa del poder, y trazar una política, divorciada del pueblo. 

 A todo ello, agréguele una política de enfrentamiento con los grupos disidentes, a nivel interno, y hacia afuera, con la federación. Y más específicamente contra el Presidente AMLO. 

 Toda esta sumatoria, constituye las arenas movedizas donde parece estar hundiéndose el PAN. La gente ya no quiere guerra ni acusaciones, sino resultados. 

 ¿Será capaz el PAN Tamaulipas de revertir, una marcada tendencia a la baja, rumbo al 2021..? 

 El mensaje de las recientes encuestas y sondeos, es en el sentido de que el panismo tamaulipeco, sea menos soberbio e incluya por primera vez, desde su arribo al poder, un poco de humildad. 

¿Lo entenderán así? 

 

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