Caminito de la escuela… virtual

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Seguramente el título de esta canción escrita y musicalizada por el veracruzano Francisco Gabilondo Soler (1907-1990) le puede traer recuerdos de muchos años atrás, cuando la fantasía infantil cobraba vida en “El ratón con espejuelos, de cuaderno el pavo real, y en la boca lleva el perro, una goma de borrar.”

Desde el ángulo de la fantasía abordo a una nueva, una que nadie seguramente imaginamos cuando vivimos la Escuela Virtual por el COVID-19.

Los escolares del mundo -desde preescolar a universidad- viven una nueva experiencia con los cursos en línea, aunque dicho sea con verdad, la gran mayoría ‘está pasando las de Caín’ por diversos motivos.

Los papás pudieran andar ‘arriando’ a sus hijos para cumplir con el encargo de maestros; No faltan los alumnos que afirmen -desde luego a espalda de sus progenitores ‘…mis papás no saben, no son mi maestro’ También desde luego que se la llevan light..

Gran parte del cumplimiento con los cursos en línea es la voluntad de cumplir y ésta se puede fracturar si en casa los chicos no tienen internet en casa… computadora personal. No me refiero a una para la familia, porque los cursos ya en primaria, secundaria o preparatoria, son simultáneos.

Con la modalidad de trabajar en casa, los papás también requieren de esta herramienta, por lo tanto hay dificultades familiares porque cada cual requiere de SU ordenador, como le llaman los ibéricos.

Padres de familia, en las redes sociales, reconocen el esfuerzo de los maestros porque ahora se percatan un poco de que dedican tiempo extra para preparar su clase, revisar y hasta motivar el aprendizaje de sus hijos. Independientemente del tiempo que pasan frente a los chicos. Además deben enviar evidencia a las autoridades de educación.

Es muy claro que existe gran diferencia entre las clases presenciales y las virtuales, sobre todo porque en el aula nace un vínculo hasta de complicidad entre el grupo y su maestro, porque no hay otras miradas, otras opiniones… no hay quién juzgue la vida del salón.

Pocos padres de familia tienen la oportunidad de entender que el escolar fuera del aula, vive muchos distractores que ‘jalan’ su atención como un celular, la televisión, la música, el aburrimiento, los ruidos ambientales y hasta las voces de los hermanos o papás que interrumpen la atención..

He visto que niños y niñas de la escuela primaria, hasta se uniforman frente a la computadora y están atentos a la pantalla y es impresionante percatarse de los movimientos que hacen con facilidad del mouse.

Otros escolares, como quienes no tienen computadora o internet, recurren a las clases por televisión o la radio… pero los distractores son exactamente los mismos y el aprendizaje forzosamente debe ser menor al que se logra en la escuela regular.

Lamentablemente leer los chat de algunos papás, cuando mal se refieren de los maestros y la nueva forma de trabajar, que no buscaron, provocan críticas irrespetuosas y en opinión propia, es porque también viven un fenómeno nuevo y no estas negatividades en nada aportan a la educación de sus chicos.

Por desgracia son padres nada motivadores que de plano obstaculizan el aprendizaje. La lógica dice entonces que el niño sufre las consecuencias… quizá no ahora, pero si en el futuro.

En redes sociales papás insensatos escriben… “todos los niños van a pasar… ya dijo el gobierno que nadie va a reprobar… la Subsecretaria de  Educación Básica en Tamaulipas dijo que no se van a tomar en cuenta las tareas en línea…”

A nivel universitario mantenerse como estudiante no es sencillo, sobre todo porque la mayoría de los chicos hacen su carrera en solitario, sin que su familia esté cerca, porque como ‘ya está grande… ya sabe lo que hace… es su futuro…’ entonces no hay exigencias o los papás se contentan con: ‘No tengo clase’.

No son pocos los universitarios que tienen necesidad de trabajar para ayudar a su familia; Otros de plano prefieren ‘gozar’ de su juventud y ya el futuro les dirá que hacer, aunque también los hay extraordinariamente responsables y cumplidos.

El COVID-19 entre los estudiantes cobrará víctimas, porque si las asistencias a clases regulares fueron inconsistentes; se suma, sin computadora en casa, chat públicos cerrados y por lo tanto sin poder acceder a las plataformas universitarias, ¿cuál será el resultado?

Soy de la opinión que la universidad prepara profesionales para la vida y no imagino ante adversidades, que un egresado de este nivel, contesten al cliente: “…es que no hubo internet… se desconfiguró la computadora… es que no me entregó el proveedor el material…”

Tengo la convicción de que el egresado de cualquier universidad debe responder a los requerimientos del cliente, en cualquier circunstancia.

Es lo que supongo esperaría usted.

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