Tonto con iniciativa

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A solo unas horas de que se cierren los módulos para votar en la consulta supuestamente ciudadana para definir el destino del nuevo aeropuerto de Texcoco, y sin conocer aun la resolución final,  la incredulidad y el asombro así­ como una alta dosis de nerviosismo invaden mis pensamientos por este modelo transformador para la toma de decisiones del presidente electo.

Asombro por el cinismo como los defensores de esta consulta quieren validar algo que es totalmente ilegal, así­ como por permitir los mexicanos que sin ser aun Presidente de México se tome atribuciones meta constitucionales.

Asombro por no ver a los grupos organizados del paí­s hacer un frente común en contra de este acto de autoritarismo, por ver a los medios de información hacerle el juego y dar difusión a un acto a todas luces ilegal, por no ver oponerse con determinación a esos lí­deres que a ultranza defendí­an la democracia y la legalidad.

La incredulidad aun es mayor por no entender como López Obrador no puede entender que serí­a darle un tiro a la confianza del inversionista, así­ como a los propios ciudadanos.

Incredulidad por no entender como le dirí­a AMLO a los mexicanos hoy o mañana que por la votación de solo 1 millón de mexicanos se cancela un proyecto de miles de  millones de pesos , que si bien hará multimillonarios a unos pocos es necesaria para aumentar el tráfico de turistas , de carga y pasajeros a nuestro paí­s.

Con que cara, aun sin ser presidente, se plantarí­a frente a las cámaras de televisión y dirí­a que se cancela y simplemente se aceptan los elevados costos que esto significarí­a para el erario público o igual está pensando en que el Congreso en su poder legisle y cancele cualquier posibilidad de que México indemnice a quienes ya invirtieron en ello incluidos los fondos de pensiones que están apalancando la construcción.

Y con mayor incredulidad me pregunto si la Suprema Corte de Justicia rechazarí­a cualquier intento de algún agraviado por ampararse en la Constitución o simplemente los Ministros se pondrí­an a merced de los designios del tabasqueño.

Y el nerviosismo recorre mis pensamientos ante el antecedente de la manera autoritaria con la que se tomarí­an las decisiones trascendentales en este paí­s a partir del primero de diciembre

Y más que nerviosismo me da pánico pensar como lo tomarí­an los mercados financieros, los inversionistas, empresarios y ciudadanos, ya que no habrí­a confianza alguna en el nuevo gobierno.

Sin duda el peso se devaluarí­a mas ante la fuga de capitales, los cuales silenciosamente están abandonando el paí­s buscando la seguridad de una moneda o paí­s estable.

El nerviosismo debe estar presente en todos los que tienen algo que perder, en quienes con el sudor de su trabajo han acumulado un capital pequeño o grande o en muchos mexicanos consientes que la economí­a es una y obedece a reglas claras y la primera es la certidumbre.

En lo local, las prioridades de los victorenses son la seguridad, un empleo digno que garantice su economí­a personal, la falta de inversión que le dé vigor a las empresas y  el abasto de agua, todo lo demás pasa a segundo plano por lo que se tienen que establecer acciones bien vertebradas entre gobierno, organismos empresariales, inversionistas y ciudadanos para dar viabilidad a la capital tamaulipeca.

Los retos son enormes, pero no afrontar la realidad, negar la existencia de estos problemas o meter la cabeza en la tierra y hacer como que no oigo o no veo solo hace más grande un problema.

Se requiere de un liderazgo fuerte, que anteponga el bien común y no el beneficio propio, que de certeza a quien arriesga su capital y se debe entusiasmar la consciencia de los ciudadanos por fortalecer la economí­a de los victorenses.

Con ocurrencias, anteponiendo el ego, no escuchando a los ciudadanos, sin compromiso, evadiendo la realidad estamos destinados al fracaso.

Para rematar, dice el conocido refrán que un pen..tonto en el poder es malo, pero un polí­tico pen..tonto con iniciativa es un peligro, y en México hoy sobran personajes en la polí­tica que ponen en riesgo a nuestra ciudad, estado y paí­s.

En lo personal estoy muy intranquilo por el futuro y viabilidad de Victoria, Tamaulipas y México.

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