Ciencia para sanar el arte sin dañarlo

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El material orgánico se oxida. En contacto con el oxí­geno, la radiación solar y otros factores ambientales, la materia que constituye a los seres vivos (plantas, animales, o incluso nosotros mismos) sufre tarde o temprano un proceso de degradación, que acaba por deteriorarlos.

El mundo del arte no es una excepción. El fenómeno oxidativo difí­cilmente puede ser ajeno al proceso de creación artí­stica, en el que con frecuencia se emplean materiales orgánicos en distintas disciplinas. La propia pintura al óleo está basada en la combinación de aceites de origen vegetal con pigmentos, mientras que algunas esculturas de arte contemporáneo construidas a base de materiales poliméricos (plásticos), caracterizados por su rápida degradación, han comenzado ya a dar señales de alarma ante un riesgo evidente de descomposición prematura.

Actualmente, la estrategia contemplada por restauradores y museos para evitar o minimizar daños se centra en la conservación preventiva, mediante el seguimiento y control de los riesgos de deterioro que afectan a las obras de arte. Sin embargo, los métodos para determinar el momento óptimo para acometer una labor de restauración especí­fica siguen siendo excesivamente rudimentarios e invasivos, ya que requieren de la toma de varias muestras para su posterior análisis, lo que en mayor o menor grado acaba suponiendo un perjuicio para la obra.

En este contexto, tres nuevos trabajos ven la luz de manera casi simultánea como resultado del proyecto NanoRestArt (Nanomaterials for the Restoration of Works of Art), una iniciativa financiada por la Comisión Europea en el marco del programa Horizonte 2020 y centrada en la aplicación de nanomateriales y nanotecnologí­as para la conservación del arte contemporáneo.

Nuevo ‘kit de diagnóstico’

En ellos, el grupo liderado por Massimo Lazzari, investigador principal del Centro Singular de Investigación en Quí­mica Biológica y Materiales Moleculares de la Universidad de Santiago (CiQUS â€“ USC) presenta un nuevo ‘kit de diagnóstico’ que permite analizar fielmente si una obra de arte presenta sí­ntomas de envejecimiento precoz, detectando marcadores de degradación a partir de distintas nanotecnologí­as desarrolladas en el laboratorio; y lo que es aún más importante: consigue hacerlo sin dañar el trabajo.

“En un contexto tan frágil como el artí­stico”, asegura el profesor Lazzari, “es especialmente significativo haber logrado crear una nueva herramienta que permite tomar las muestras sin dejar marca alguna en la obra: ya no es necesario destruir un fragmento para analizar su estado”.

Más concretamente, el trabajo publicado en la revista Chemical Communications describe el desarrollo teórico de un substrato para el análisis de las muestras mediante la técnica SERS (surface enhanced raman scattering, espectroscopia raman amplificada en superficie), gracias a la cual ha sido posible validar la nueva herramienta.

Los investigadores muestran el procedimiento seguido para su fabricación y explican el funcionamiento de algunos substratos desechables de plástico, obtenidos mediante litografiado blando y recubiertos de aluminio. Para ello han recurrido a distintas técnicas, entre las que destaca especialmente la caracterización por microscopí­a electrónica EELS (electron energy loss spectroscopy, espectroscopí­a electrónica de pérdidas de energí­a), llevada a cabo en el Centro de Microscopia Electrónica de la Technical University, en Dinamarca.

Los trabajos restantes abordan las aplicaciones del nuevo kit de diagnóstico. El primero, publicado en la revista Journal of Raman Spectroscopy demuestra la aplicación de la metodologí­a sobre pinturas al óleo e incluye un video explicativo de acceso libre, mientras que en el segundo se valida la efectividad de la técnica sobre plásticos modelo y obras de arte en material plástico, un trabajo presentado en la revista Talanta.

*Foto de portada tomada de Neo Teo

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