Los tratados de Bucareli, celosamente ocultados y aun mutilados por lo que ahora es la PRIdictadura, desclasificados por Washington en 1947, vuelven a colación porque el candidato yanqui nos salió con el sebo de que buscará convertir a México en potencia.

Por Moisés Edwin Barreda

Es repulsiva más que del asco, la docilidad, que dan en llamar “disciplina”, con que los oligarcas de la PRIdictadura y los socios principales de éstos, aceptan devotos y entusiastas como candidato a la Presidencia a meade como si fuera correligionario y no impuesto por washington –vislumbro yo, y otros dicen que por “el mercado”.

Las loas, las abyectas genuflexiones. la palabrería bárbara, hueca y deshilachada y la zalamería de las primeras figuras de la PRIdictadura para ese candidato con credenciales de la derecha formada en aulas estadounidenses, confirma que “el país vive cambios que van a contrapelo de nuestros antecedentes revolucionarios”, como el ex presidente José López Portillo dijo a “Proceso” en 1992.

La comedia se veía venir, pues la manosearon durante la asamblea número 21 (formalizada en la 22),  durante la que los líderes de la oligarquía buscaron también que se diera vuelo a la propuesta de cambiarle nombre al partido, cobijarlo con nuevas siglas para diluir la idea que por fortuna ya se extiende, de que es dictadura con génesis en Washington para gobernar a México de modo no llegara ni llegue a competir con la nación vecina en desarrollo y prosperidad, que no se le pusiera al tú por tú como potencia.

Para conseguir ese objetivo, washington aprovechó la ambición de riqueza y el deseo de que nadie le disputara el poder que caracterizaban al líder de la gavilla sonorense, álvaro obregón. Como condición para satisfacerla lo obligaron a comprometerse a pagar “daños por guerra” a los estadounidenses avecindados en el país, lo que fue más allá y terminó en los tratados de Bucareli, con los que ese sicario de Venustiano Carranza y Washington nos condenaron al subdesarrollo.

Los tratados de Bucareli, celosamente ocultados y aun mutilados por lo que ahora es la PRIdictadura, desclasificados por Washington en 1947, vuelven a colación porque el candidato yanqui nos salió con el sebo de que buscará convertir a México en potencia.

Esa condición de bonanza fue asequible dadas la inmensa y variadas riquezas de los recursos naturales en el territorio que nos quedó tras la traición de santa anna, hasta esa incalificable traición obregonista. El ofrecimiento en cuestión, que hiede a las harto conocidas promesas de campaña, que jamás pasan de eso, mueve a risa y, a la vez, evidencia que el candidato yanqui ignora la historia, se hace como el tío Lolo o se atiene a que nos han convertido, prácticamente, en nación de zombies.

La imposición abierta de meade –ayuno de experiencia de gobierno– por parte de washington, la que no admiten los más por ignorancia y/o incapacidad para ver aun lo que se tiene enfrente, y otros por conveniencia o por indiferencia, confirma que para Washington ya no funciona el mito, el petate del muerto de la revolución con que nos agorzomaron tantísimo tiempo, y que no hallaron rival para AMLO…

Washington confía en que, como todos los anteriores, su candidato ganará, aunque con el ya tradicional fraude electoral, que esta vez mediante el muy desprestigiado Instituto Nacional electoral –INE–, la PRIdictadura ya adereza con decenas de candidatos “independientes” que aparecerán en la boleta electoral, convertida en sábana para desconcertar a los ciudadanos al momento de sufragar.

Con esta imposición, Washington cierra el que podría ser último capítulo del ejercicio de la recomendación que en 1923 hizo Robert Lansing como Secretario de Estado, de atraer a los mejores estudiantes, imbuirlos del espíritu y modo de vida estadounidenses y hacerlos Presidentes de México, pues actuarían más radicalmente y Estados Unidos podría conquistar al país sin disparar un tiro.

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