La semana pasada se vivió una cruenta guerra en el gabinete. Los medios de comunicación dieron cuenta de encuestas en donde, maquilladas o no, aparecía el Secretario de Gobernación mejor posesionado que José Antonio Meade, claro, pero siempre atrás de AMLO.

Parafraseando a Gabriel García Márquez, se puede afirmar que se José Antonio Meade va rumbo a una derrota anunciada. Se tuvo la certeza al momento que Enrique Peña Nieto le da las gracias y le desea éxito, dijo, en el proyecto que emprende. Medio mundo lo entendió y lo confirmo momentos después. Sera el precandidato –candidato, pues-, del PRI a la Presidencia de la Republica en el 2018.

Apunto que su destape es una Crónica de una derrota anunciada, porque en este momento,  todas las encuestas dan por perdedor al PRI y a su candidato; en todas el triunfador es Andrés Manuel López Obrador y, para que pierda, se necesitan: obvio, que AMLO cometa los errores de siempre, que se derrote solo; que la estrategia y operación priista funcione y, desde luego, que el milagro de que la gente vuelva a confiar en las promesas priistas.

VIERNES NEGRO DE OSORIO.

El viernes se reunió Miguel Ángel Osorio Chong con el Presidente de la Republica. Ya luego, el Secretario de Gobernación, entero a su círculo cercano que no tenía interés en competir por la candidatura presidencial. Se entiende, obvio, que le leyeron la cartilla; y, si le fue bien, puede que hasta le hayan explicado los motivos y razones; en caso contrario, solamente le informaron: “no serás candidato”.

La semana pasada se vivió una cruenta guerra en el gabinete. Los medios de comunicación dieron cuenta de encuestas en donde, maquilladas o no, aparecía el Secretario de Gobernación mejor posesionado que José Antonio Meade, claro, pero siempre atrás de AMLO. Se tejieron historias, más a partir de los elogios de Videgaray, que obligo a EPN a exclamar que “no se elige a un candidato por los elogios”. Al final, resulto que si, por eso, para muchos, el destapador es Videgaray: impuso la amistad y no la política.

MERITOS BUROCRATICOS.

Ya abiertamente en condición de precandidato, José Antonio Meade hace notar que tiene 20 años en el servicio público, enfatizando que sirviendo con integridad y honradez. Fue Secretario de Hacienda, Secretario de Relaciones Exteriores, Secretario de Sedesol… una larga carrera burocrática que, sin embargo, da la impresión que no le dio oportunidad de baños de pueblo, o que su paso por SEDESOL, no lo sensibilizo.

José Antonio Meade, en su larga carrera burocrática, no tuvo oportunidad de ser candidato, de probarse en las urnas. Es más, incluso, no se le conocen méritos de partido, ni en el PRI, ni en el PAN. Así, con este curriculum, llega a la antesala del poder un individuo que puede ser catalogado como un “técnico”, un insensible… de esos que en aquella película en donde el Secretario de Hacienda quiere acabar con la pobreza, acabando con los pobres.

EL PRI, NO SE RENOVO, PUEDE MORIR.

Llegará José Antonio Meade a una candidatura con un escenario adverso; antes, bastaba con ser ungido candidato para tener la certeza de ser Presidente; ahora, Meade, bien debe saberlo, para ganar tiene que ser buen candidato, contar con una excelente estrategia y una mejor operación política. A estas alturas, del desprestigio del PRI y de sus líderes, su candidato no puede ser el de la esperanza, este tipo de frases ya suenan huecas.

¿Puede ganar la Presidencia José Antonio Meade? La respuesta, efectivamente, si, si puede ganarla. Para ello, es preciso que la estrategia de EPN, que presumió ante periodistas, que volvió a retomar con el triunfo en el Estado de México, funcione. Y esa estrategia solo tiene dos ejes: el miedo y la división, es decir, la pulverización del voto. El miedo puede provocar no votar, o dejar de votar…no votaron por AMLO porque era una amenaza para México.

 

PULVERIZACIÓN DEL VOTO.

Hay la certeza de que en la boleta estarán Meade, AMLO, Mancera o Ricardo Anaya, pero también estará Margarita Zavala como Jaime Rodríguez, alias El Bronco. En pocas palabras, una brutal pulverización del voto; lo que, a la larga, puede favorecer al PRI, dado que cuenta con capacidad de movilización y, se entiende, recursos. Tal y como sucedió en el Estado de México. Quien sea el próximo Presidente de México no tendrá legitimización, será elegido por una minoría.

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