Uno de los temas, o fallas del gobierno, es la creciente corrupción. Por eso, en la segunda parte del siglo pasado se hablaba de los nuevos ricos sexenales: entraban con las manos en la bolsa y salen con las bolsas en la mano.

 

Bien se dice, a veces, la desconfianza mata. Mata porque destruye todo tipo de relaciones, sean institucionales, partidistas o interpersonales. Y es que, en la práctica, toda acción, sea personal o publica, siempre va a descansar precisamente en eso: en la confianza. Y es que, si observamos lo que sucede a nivel público, se desconfía del estado, de los gobernantes, de los partidos políticos, en fin, prácticamente de todos… y es que, cuando menos, una y otra vez nos han engañado.

La desconfianza es tal que se manifiesta en poemas y en canciones. Todos los días aparece, por ejemplo, entre los seres humanos, se dice que hay personas que son bien confianzudas, otras bien desconfiadas; desconfiamos, de los hermanos, de los amigos, de los vecinos, del novio o de la pareja. Con todo y que, siempre, se nos restriegue en la cara que la confianza fortalece una relación, es el cemento de las relaciones interpersonales.

ESTADO Y DERECHOS HUMANOS.

En un principio, se entiende, el Estado nació para proteger y garantizar la seguridad y patrimonio de las personas. Por eso hay instituciones, como la Procuraduría de Justicia que se encarga hacer las investigaciones y acusar a quienes violentan la ley; en tanto que el Tribunal de Justicia, con sus jueces y magistrados, se encargan de aplicar la ley, emitir sentencias, castigar o declarar inocente a quien es acusado.

Sin embargo, no digo que medio mundo, sino casi todo el mundo tiene la certeza que en la Procuraduría y en los tribunales la corrupción ha sentado sus reales. Por eso, para que el Estado no lastime los derechos humanaos han nacido la Comisiones de Derechos Humanos que, sin embargo, se han convertido en solo oficinas burocráticas, que hacen recomendaciones que nadie, o pocos servidores públicos, las siguen. La desconfianza hacia policías y jueces es creciente.

LA CONTRALORIA Y FUNCION PÚBLICA.

Uno de los temas, o fallas del gobierno, es la creciente corrupción. Por eso, en la segunda parte del siglo pasado se hablaba de los nuevos ricos sexenales: entraban con las manos en la bolsa y salen con las bolsas en la mano. La corrupción somos todos, dijo un candidato presidencial, y ya en el poder, dio vida a la Contraloría: una oficina que, difícilmente, le cuida las manos a su propio patrón. Funciona, a veces, con los que se fueron.

Lo mismo sucede con otras instancias, por ejemplo, con las Auditorias Superior de los Gobiernos. Los nombran los diputados, pero siempre siguiendo las propuestas o indicaciones del gobernador en turno. Y en algunos casos ni siquiera reúnen el perfil profesional que exige la ley. Basta con que cumpla uno: ser amigo, incluso hasta socio, del gobernador o que traiga muy buenas recomendaciones de poderosos. La corrupción sigue, no disminuye la desconfianza… ahora, incluso, hay hasta un fiscal y comité anticorrupción: no son necesarios, basta con aplicar la ley.

TRANSPARENCIA Y RENDICION DE CUENTAS.

Como no han servido ni la Comisión de los Derechos Humanos, ni la Contraloría o la Función Pública, ahora el tema de modo son el acceso y transparencia de la información así como la rendición de cuentas. Son nuevas formas de combatir la corrupción que, sin embargo, no vislumbran una eficacia por una sencilla razón: los servidores públicos, el gobierno todo, vive de la cultura de la opacidad… no quiere que nadie, ni el pueblo, se entere de que hace, porque y para que lo hace. Por eso, a veces, los escándalos: la Casa Blanca, o los videos escándalos, entre otros.

El gobierno, buena parte de los servidores públicos, no hacen las cosas apegadas a la ley, por eso buscan la opacidad; y por eso niegan y ocultan la información y se niegan a rendir cuentas de manera objetiva, legal y transparente. Los órganos de información, por eso, a lo largo y ancho de país están convertidos en elefantes blancos, que se escudan con el sambenito de que la ciudadanía no tiene la cultura de pedir información.

RECOBRAR LA CONFIANZA.

Ahora con el gobierno del EPN ante el cumulo de la presión mediática, de organizaciones civiles y uno que otro partido, les ha dado por crear la fiscalía anticorrupción, tal y como existe en otros países. Van naciendo, se van creando, con la característica similar: no son autónomas, dependen del Ejecutivo. No entienden, gobierno, senadores y diputados, como partidos políticos, que la única manera de recobrar la confianza es con hechos…

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