Aparece Alejandro Guevara Cobos, al final levantando la mano, se entiende como la oportunidad que tiene el centro para meter mano, para dar a entender que le interesa Tamaulipas. Se especula mucho con y por los apoyos: lo cierto, indiscutible, es que Alejandro cuando ha obtenido una posición, candidatura por ejemplo, nadie discute ni cuestiona a sus padrinos.

El lunes se cumplió el primer paso para la renovación del liderazgo priista en la entidad. No hubo, como se decía inicialmente, un candidato de unidad; como se hacía antes, que muchos querían, pero tras un proceso de mediación, solo uno se registraba. Inicialmente eran 6, luego se agregó Alejandro Guevara Cobos y, por fin, fueron 9, dos espontáneos as que saltaron al ruedo en los últimos minutos.

¿Por qué peor que Padilla? Me explico: cuando el PRI inicio procesos a la consulta a la base, Padilla, mi pueblo natal, se vio beneficiada con la oportunidad de practicar la democracia interna partidista. Y, aunque no me lo crean, en una ocasión se registraron hasta 14 precandidatos. Al final, el que gano, perdió la constitucional porque todos, los otros, le hicieron corral, apoyando al enemigo.

LINEAS VISIBLES.

¿Cuál es la estrategia? Muchos pensaron, si, que sería como antes: que funcionaria una línea, para imponer a un candidato. Siempre así ha sido. Y las líneas tenían nombre, o tienen aun: por un lado Sergio Guajardo, apadrinado por Egidio Torre Cantú, por el PRI de la derrota; y se cuenta, inicialmente Oscar Luebbert Gutiérrez, representando intereses políticos y económicos de la Frontera.

Aparece Alejandro Guevara Cobos, al final levantando la mano, se entiende como la oportunidad que tiene el centro para meter mano, para dar a entender que le interesa Tamaulipas. Se especula mucho con y por los apoyos: lo cierto, indiscutible, es que Alejandro cuando ha obtenido una posición, candidatura por ejemplo, nadie discute ni cuestiona a sus padrinos.

CIRCO, MAROMA Y TEATRO.

Sin ánimo de ofender, pero creo que esta estrategia la inicio Luis Enrique Arreola Loperena. Y es que, hay que puntualizarlo, no tiene la estatura, la calidad, la experiencia y, creo, que ni los recursos, sean políticos o económicos, para lograr un liderazgo estatal. A menos, claro, que este respondiendo a otro tipo de intereses, que lo mandan a la guerra, a la trinchera, para que se foguee. Imposible que obtenga, por sí solo, apoyo y votos de los consejeros políticos.

El resto, da la impresión, que desde un principio lo hacen para entretenerse y ver, si, ver que pueden sacar a rio revuelto. ¿Qué puede pensarse, por ejemplo, de Roberto González Barba como de Juan Alonso Camarillo? Si, de dos priistas a quien, obvio, no se le pueden escamotear méritos y experiencias políticas, pero que en la práctica ya casi disfrutan de una jubilación política.

NO CONOCEN SUS LIMITACIONES.

Un amigo periodista, al conocer la lista de los nueve, no tuvo empacho en advertir, señalar, que algunos de ellos, no conocen ni sus propias limitaciones. No me cabe la menor duda. Claro, todavía falta que Lucino Cervantes y compañía den a conocer el veredicto de quienes cumplieron con los requisitos, entre ellos, de contar con un 20% de apoyo de los consejeros…se entiende que, en sentido estricto, solo 5 pueden conseguirlo.

Las limitaciones que pueden tener uno que otro de los 9 registrados son fáciles de enumerar: 1. ¿Quién tiene imagen pública de líder político, sustentada en hechos y experiencia; 2. ¿Quién puede presumir, si, que es ampliamente conocido en todo el estado; 3. ¿Quién puede presumir de que cuenta, a lo largo y ancho de la entidad, de una estructura política que sustente su operación? 4.

PARTE DE LA HISTORIA.

Eso sí, los nueve, los que tienen reales oportunidad de convertirse en líderes, así como aquellos que no conocen sus propias limitaciones, saben perfectamente que ya son parte de la historia: que su nombre es parte del registro de precandidatos a un liderazgo político. Y eso, tal parece, ya los convierte en ganadores. Así como dijo Luis Enrique, ya gane, yo genere el proceso de renovación del liderazgo partidista.

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